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martes, 13 de septiembre de 2011

Del 11-S 2001 al 11-S 2011, lea A y B


(A) 10 años del 11 de septiembre

11-09-2011



“Si ves algo, di algo”. El mensaje oficial antiterrorista del gobierno estadunidense se repite en carteles, anuncios en las estaciones de metro, en los medios, mientras cada vez más cámaras graban los movimientos de ciudadanos, y en los aeropuertos los pasajeros son sometidos a múltiples inspecciones y una ley permite a las autoridades espiar a la población.
Pero a lo largo de estos 10 años después del 11-S, al parecer nadie vio ni dijo nada (oficialmente) de otra amenaza que ha causado más destrucción que ese atentado terrorista: la crisis económica. El “terrorismo” ha sido sustituido por la inseguridad económica como el asunto nacional de mayor preocupación en este país.
Sin embargo, poco ha cambiado en el discurso oficial (a fin de cuentas aún tienen que justificar varias guerras y medidas de seguridad). El clima de temor generado por los atentados del 11-S alcanzó toda esquina del país, nutrido por la cúpula política y por los grandes medios, y transformó el panorama político y social.
El 11-S justificó la creación de una nueva secretaría, tal vez la más grande burocracia federal después del Pentágono, que lleva el nombre ominoso de “Departamento de Seguridad Interna”. Su titular, Janet Napolitano, emitió un comunicado hace un par de días que resume la retórica oficial actual: “a medida que se acerca el décimo aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre, la seguridad de la población estadunidense sigue siendo nuestra principal prioridad”. Por ahora, reportó, aunque no se cuenta con información de que terroristas “estén planeando ataques en Estados Unidos para coincidir con el décimo aniversario del 11 de septiembre, seguimos en un máximo estado de vigilancia, con medidas de seguridad listas para detectar y frustrar ataques contra Estados Unidos, si surgieran”. Concluyó: “Les recordamos a nuestros socios locales, estatales y federales, y al público, que se mantengan atentos e informen de cualquier actividad sospechosa a las autoridades locales y agentes de la ley”.
Con el 11-S, el tema de “seguridad” se convirtió en el objetivo supremo de los gobernantes y se usó tanto para promover una política bélica internacional como para controlar, si no suprimir, la disidencia. La retórica oficial desde el 11-S hasta ahora es una combinación de convocatoria a “la unidad” patriótica con lo anunciado por George W. Bush: “o están con nosotros o están con los terroristas”.
Las consecuencias políticas del 11-S, dentro y fuera de Estados Unidos, fueron justo las pronosticadas por Noam Chomsky en entrevista con La Jornada tres días después del ataque, cuando expresó que los atentados son “un regalo a la derecha dura jingoísta estadunidense, y también a la de Israel... Ésta será una oportunidad maravillosa para imponer más reglamentación, más disciplina, promover los programas que desean aquí…” Y advirtió que los gobernantes “esperarán –tal vez fracasarán– poder aplastar a la disidencia interna. En general, las atrocidades y la reacción ante ellas fortalecen a los elementos más brutales y represivos en todas partes”.
En los primeros meses después del 11-S se atacaba a opositores de la política oficial casi como traidores. En ese clima se aprobó la Ley Patriótica, que otorgó nuevos poderes al Ejecutivo para espiar a la población y la FBI, entre otras agencias, empezó a usar esta ley para incrementar su vigilancia de diversas agrupaciones, sobre todo las musulmanas, pero también las que se oponen a la guerra. El llamado “gobierno secreto” multiplicó sus presupuestos y personal tanto para misiones internacionales como para la seguridad interna.
Diez años después, la opinión pública está dividida sobre las políticas antiterroristas que se impulsaron después del 11-S. Sólo una cuarta parte piensa que las guerras en Irak y Afganistán han disminuido las posibilidades de atentados terroristas en Estados Unidos; las mayorías creen que esas guerras han incrementado el riesgo de ataques terroristas o no han cambiado en nada ese riesgo, según un nuevo sondeo del Centro de Investigación Pew.
Con el paso del tiempo, cada vez menos estadunidenses piensan que es necesario ceder libertades civiles para frenar el terrorismo en el país; ahora el 40% piensa que sí es necesario, comparado con 55% de poco después de los atentados en 2001. Ahora, una mayoría, 68% contra 29%, se opone a la vigilancia de llamadas personales y correos electrónicos por parte del gobierno (www.pewresearch.org).
Pero todo está bajo vigilancia, o por lo menos ésa es la impresión que se quiere dar. Además de militares, policías y agentes del gobierno, hay más de un millón de guardias privados –muchos veteranos de guerra– en Estados Unidos, más del doble que hace una década, para vigilar desde campos de golf hasta malls y casas de ricos, reporta el Washington Post. Las videocámaras de seguridad están por todas partes (dicen). A tal grado que, una empresa de modas, Kenneth Cole, tenía una campaña de publicidad que sugería que como el ciudadano es fotografiado decenas de veces cada día, es importante vestirse y verse bien.
El temor como eje central de la vida política no es nada nuevo en este país, y la “amenaza” externa es columna vertebral del discurso estadunidense, incluida la “amenaza” de esos “otros” dentro del mismo país, donde juega una parte clave el asunto de la raza y los inmigrantes, como las “ideologías” ajenas. Ese temor se sigue nutriendo con menciones de “alertas máximas” repetidas hasta el cansancio.
Para el veterano comentarista Frank Rich, en un artículo en la revista New York, lo que sucedió después del secuestro de los aviones que perpetraron el 11-S fue “otro secuestro: el del 11-S por aquellos que lo explotaron por motivos grandes y pequeños, tanto ideológicos como abiertamente comerciales”, incluido el uso del ataque para lanzar una guerra contra un país que no había atacado a Estados Unidos, como para fines político-electorales.
Pero Rich afirma que al revisar la última década, “tal vez el suceso más consecuente de los últimos 10 años podría no haber sido el 11-S o la guerra en Irak, sino el saqueo de la economía estadunidense por los que están en el poder en Washington y Wall Street. Esto ocurrió a plena vista, o por lo menos así lo podemos ver ahora desde cierta distancia. En su momento, estábamos tan enfocados en la amenaza externa de Al Qaeda a Estados Unidos que no prestamos la atención apropiada a las amenazas más prosaicas dentro del país”.
Y es que una década después, otra amenaza ha sustituido a la del “terrorismo” como máxima preocupación nacional: la peor crisis económica desde la gran depresión que ha destruido las vidas de millones de familias en este país. La década que comenzó con el derrumbe de las Torres Gemelas, causado por el primer ataque externo a Estados Unidos, está concluyendo con los escombros económicos y sociales de una crisis económica que no fue provocada por “terroristas” extranjeros, sino por políticos y banqueros estadunidenses.

Fuente: http://progreso-semanal.com/4/index.php?option=com_content&view=article&id=3786:10-anos-del-11-de-septiembre&catid=3:en-los-estados-unidos&Itemid=4





(B) Torres Gemelas: el derrumbe
de las mentiras

08-09-2011


El presidente Bush recibe la noticia de la tragedia del WTC, sin embargo
permaneció impávido sin pronunciarce, algo poco usual dada la magnitud del evento
 

Cualquiera que tenga dudas sobre el colapso de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 conoce el síndrome. Sus conocidos le preguntarán invariablemente: ¿entonces tú crees en la teoría de la conspiración?
Y aquí es donde no debe flaquear. Las dudas son sobre el colapso. No hay que moverse ni un ápice de ese terreno: el derrumbe de las Torres Gemelas y del rascacielo WTC 7 (de 47 pisos, que no fue impactado por los aviones) no ha recibido una explicación adecuada. Eso no hay que perderlo de vista. Y las discusiones sobre conspiraciones no ayudan en nada a aclarar la forma y velocidad de dicho colapso.
Este es el punto central sobre el cual se concentra el análisis de los miembros de la organización Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 9/11. Cualquiera puede examinar el voluminoso expediente de pruebas que ha reunido esa organización en su sitio, www.ae911truth.org. Ya son mil 549 ingenieros, arquitectos y físicos estadunidenses los que han firmado una petición para reclamar una investigación seria sobre lo ocurrido ese día en Manhattan. Nadie puede dejar de revisar el material en ese portal.
Todo esto merece una explicación más detallada. Los aviones que fueron estrellados contra las Torres Gemelas provocaron una fuerte explosión y un gran incendio. Los informes oficiales de las agencias estadunidenses se limitan a examinar qué pasó en los edificios en el lapso transcurrido entre el impacto de los aviones y el inicio del colapso. Una vez que comienza el desplome de las Torres Gemelas, los informes abandonan el relato.
Tal pareciera que al hablar de los impactos y el incendio que les siguió se hubiera agotado el tema y ya no fuera necesario seguir el análisis. Los informes del Instituto de normalización y tecnología, NIST, de la Agencia de manejo de emergencias, FEMA, y de la Comisión especial nombrada por el entonces presidente Bush tienen diferencias. Pero coinciden en que los incendios no fundieron la estructura de acero, y que el impacto y el fuego debilitaron los amarres de los pisos directamente afectados, haciendo que cedieran y que se desplomaran los edificios. Hasta aquí su explicación.
Pero esto es lo esencial: los informes no dicen nada sobre la forma en que se desenvuelve el colapso de las Torres Gemelas o del edificio WTC 7. Entre otras cosas, no explican por qué los tres edificios se desplomaron a la velocidad de una caída libre. La evidencia de las filmaciones de los tres derrumbes es clarísima. En los tres casos, el colapso se lleva a cabo como si entre los pisos superiores y la planta baja no hubiera nada que ofreciera resistencia. Eso es una anomalía que sorprende a cualquier arquitecto o ingeniero. Las estructuras de acero de los pisos inferiores están hechas para resistir y estaban intactas después del impacto de los aviones. Tuvieron que ofrecer resistencia. Los informes oficiales no dicen nada sobre esto.
Por otra parte, las dos Torres Gemelas se componían de varios cientos de miles de toneladas de concreto que fueron pulverizadas en el derrumbe. Los ingenieros, físicos y arquitectos que han examinado la evidencia después del colapso saben bien que, si se arroja un bloque de concreto desde una altura de cien pisos, lo único que se va a lograr es que se despedace. Pero no se va a pulverizar. Para ello se requiere una fuente de energía adicional. ¿Pudieron los pisos superiores comprimir y pulverizar el concreto de los pisos inferiores? La respuesta es negativa: si los pisos superiores hubieran comprimido los pisos inferiores, provocando la pulverización, la caída no se hubiera llevado a cabo a la velocidad gravitacional.
¿Cómo fue eliminada la resistencia de los pisos inferiores para permitir el colapso a la velocidad de caída libre? ¿De dónde salió la energía que permitió pulverizar los cientos de miles de toneladas de concreto de las dos torres? Esas dos preguntas carecen de respuesta oficial. Varios estudios serios apuntan en una dirección: explosivos.
No se trata de explosivos convencionales, como los usados en cualquier demolición controlada. El análisis de muestras de polvo y de fragmentos de las construcciones revela la presencia de microesferas de hierro fundido y aluminio, testimonio de reacciones con el explosivo incendiario termita. Varios estudios sobre muestras de polvo concluyen sobre la presencia de virutas con compuestos de nanotermita (partículas de óxido ferroso incrustadas en una matriz rica en carbono). Todo eso indica, según esos estudios, que estuvieron presentes explosivos no convencionales en los sucesos del 11 de septiembre y que podrían haber eliminado la resistencia de los pisos inferiores, explicando así la velocidad de caída libre del colapso.
El gobierno más mentiroso en la historia de Estados Unidos puso sobre la mesa tres informes para aclarar lo que había acontecido el 11 de septiembre de 2001. Lo que dicen es muy sencillo. Ese día es realmente histórico porque se rompieron las leyes más elementales de la física.

viernes, 15 de mayo de 2009

Tránsito al Socialismo

De manera hipócrita y sin entender la vida vivida por una pequeñita mujer indígena y para colmo comunista, la mayoría de medios informativos del Ecuador, dieron cuenta de la muerte de “Mama” Tránsito Amaguaña y a continuación largaban con una letanía cliché de lo que pasó en lo que fue la hacienda Pesillo (una hora y treinta min., de Quito) ese día de la muerte de la legendaria dirigente revolucionaria.

La estación de tv del banquero Fidel Egas y su fiel mastín Jorge Ortiz, temiendo perder raiting también presentaron una marchita reseña. Hubieran preferido no hacer comentarios acerca de la muerte de aquella india comunista, al viejo estilo de la televisión descaradamente manipuladora de la era previa a los derrocamientos presidenciales. Ahora manipulan con sus espacios para la “comunidad” para que la gente se olvide, de cuando descaradamente ocultaban a esa comunidad que como Tránsito salió un día valiente, desafiante y a pie, a exigir que el loco, el armonioso y el coronelito traidor se vayan y no vuelvan. Pero tu coronelito es bien caradura.

La muerte de Tránsito Amaguaña ocurre como un hecho en donde la vida se impone con una de sus partes. Y la muerte no la derrota, incluso según ella relata, en alguna oportunidad se le impuso y salió ilesa, cuando algún gobierno anticomunista intentó cegar su inmensa visión y perspectiva de dignificar la vida de sus semejantes en todo el Ecuador, cuando los grandes hacendados les trataban como infrahumanos, con perros, palo y hacial (vetas de cuero de vacuno) Ahí crece Tránsito pidiendo vía libre a su albedrío de humano altivo y guerrero.

Pacatos e insulsos los que cercenan las luchas indígenas de las insurrecciones, donde combatieron y dieron puño y daga a sus verdugos. Inútil aspiración esa de conciliar el actual pacifismo temeroso y pequeño burgués que tiene en la lucha pacifista de Gandhi su paradigma inconsecuente con la historia, (entendemos a Gandhi su cosmovisión y momento histórico) para que las luchas de los mayores y héroes indígenas aparezcan sin rastros de la necesaria rebeldía que hace que la historia avance.

Resulta inútil sumarse a ese gran corro de gentes que hablan hasta de la Tránsito Amaguaña comunista, pero sin entenderla y al mismo tiempo juzgando su causa, como pasada de moda e intemperante.

Queremos hablar de Tránsito Amaguaña igual como hemos hecho acerca de muchos hombres y mujeres que abrieron trochas con sus vidas el tránsito hacia otra sociedad. Nadie más en este planeta tiene la característica altruista del ser humano, que es el modo en que lo nuevo se encapsula y se activa en algún momento para generar los cambios, necesarios e inaplazables, por las vía que fueran necesarias. El altruismo tiene que enfrentar el egoísmo con que lo viejo se enmascara y se presenta como inmovilista y cobarde. Lo viejo está acomodado y ese acomodo es certeza de filete, ensalada y todo tipo de excesos, tal y como sucede en la vida apacible de los socios del Sr. Goldbaum.

Pero el discurso de lo establecido –lo viejo–, y el cotorreo de sus abyectos acólitos es aplastante, no hay lugar para la idea disidente, al futuro, para vaciarlo de todo peligro, se lo etiqueta como “socialismo del siglo XXI”.

El debate actual transcurre en cenáculos virtuales, llenos de académicos, especialistas y entendidos que discuten con minuciosidad erudita, como afinar el destemple consuetudinario de un sistema social que ya no tiene componte.

Ahí están ellos discutiendo sobre, democracia capitalista, “nuevo pacto social entre los actores”, excluir a los más revoltosos, reencauchar a elementos de la cultura como la televisión capitalista que está gangrenada por las cuñas comerciales en las franjas para niños. Sesudos simposios (¿al estilo romano?) sobre la crisis y de cómo convertir a todos los pobres en pequeños capitalistas y soñando con inocular la conciencia emprendedora de buenos empresarios en los sueños de los niños desde cuando son dignos de cuidado en los “Kinder Gardens”, cuando sus abnegadas madres les dan veinte y cinco centavos para chitos de maíz y con orgullo comentan que están enseñando a sus críos desde muy temprano el valor del dinero.

En todo esto se cagó encima Transito Amaguaña y todos los hombres y mujeres que dieron sus vidas por abrir el camino hacia la incertidumbre de una sociedad de igualdad, a la que hay que construir con lo que tengamos a nuestro alcance aquí, en el Ecuador y en todo lugar en donde una semilla de nuevo ser humano rebase el rancio envase de esta vida sin vida que es el capitalismo, sus espejismos, trampas y oropeles.

La vida de Tránsito, como las entregadas para que nosotros nos acerquemos un día al horizonte utópico de lo nuevo, es fertilidad rica que prende en el espíritu atento, transparente, mágico, sensible, valiente y soñador. Se muere en esos opacos envases asépticos que son las conciencias entrenadas para venir a este mundo a competir frente al prójimo en busca del éxito pasajero e inútil, como el pedo pestilente del burgués ahíto, que más allá caerá fulminado por un ataque al miocardio y dejará abierta la trocha para que sus descendientes repitan su camino sin obstáculos.

Tránsito es camino, Amaguaña me suena a casa calentita, llena de olores a cosas cocinadas de la tierra recién cosechada. No tengo duda, después de mi turno en esta vida lucha, nuestras ínfimas partículas, en algún lugar del universo, se encontrarán para darse un cálido abrazo. (Por Julio C. Enríquez C.)

martes, 9 de octubre de 2007

Mario Vargas Llosa: Honor de quimera

J. M. Álvarez
Kaosenlared/Rebelión
19-09-2007

El escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa ha sido investido recientemente Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Rioja. Su discurso de investidura lo tituló Viaje a la ficción, porque, según sus palabras, la ficción “permite vivir otra vida con palabras e imaginación”, o sea, la típica verborrea elegante de un señor que disfruta de la vida sin tener que recurrir a ficción alguna. La imaginación la dejaremos para millones de seres humanos que carecen de trabajo o de seguro médico, y deben resolver sobre la marcha- si pueden- los problemas inherentes a sus circunstancias.

Que determinados sectores sociales consideren a Vargas Llosa un hombre de honor, no quiere decir que lo sea. Dicho término, es una cualidad moral ligada a conductas honestas, muy alejadas del peruano. En un mundo monopolizado por oligarcas criminales, los intelectuales que, en medio de la vigente barbarie, defienden las causas populares, representan la dignidad y el compromiso arriesgado. Vargas Llosa, consciente de que sólo con dignidad no se paladean los placeres mundanos, “evolucionó” políticamente hacia el neoliberalismo del que se erigió en palafrenero propagandístico porque es la panacea que resuelve los problemas de los países pobres, encaminándolos por la senda del progreso, aunque experiencias pasadas demuestren lo contrario.

Vargas Llosa asume las teorías del desaparecido economista burgués, Milton Friedman, dogmatizando que la libertad política y económica, a pesar de ser conceptos distintos, no pueden separarse. Entiende que los fracasos democráticos en América Latina. se deben a que sus dirigentes nunca comprendieron esa dicotomía y de ahí la inestabilidad imperante en la región. Para él no existe el intervencionismo de Washington, organizador de golpes de estado, escuadrones de la muerte, dictaduras militares y “democracias” controladas.

Enemigo encarnizado de toda resistencia antiimperialista, sostiene que las elecciones iraquíes fueron un ejemplo de libertad para el mundo árabe, pese a que se celebraran en un país ocupado militarmente por unos invasores que, en nombre de la “democracia”, están cometiendo uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad, que se ha cobrado, hasta ahora, la vida de más de un millón de personas. Mario Vargas LLosa sólo ve torturas, crímenes y dictaduras irrespetuosas con los derechos humanos, en países donde sus dirigentes implementan medidas dirigidas a mejorar las condiciones de vida de las clases desfavorecidas. Por eso maldice a Hugo Chávez, uno de sus insultados favoritos, o a Evo Morales. (para qué hablar de Fidel)
Presidente de la Fundación Internacional Para la Libertad, integran su Junta Directiva -entre otros- el apátrida cubano, Carlos Alberto Montaner y el español José Maria Marco. El primero está acusado por el Gobierno de La Habana, de alentar y perpetrar actos terroristas contra Cuba. El segundo, tiene una fobia irracional a los nacionalismos vasco y catalán, es colaborador asiduo en la emisora de radio donde vocifera el fascista Federico Jiménez Losantos, y participa en La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, más conocida por su acrónimo FAES, una lobera donde se refugia José María Aznar, el ex presidente español, denunciado como criminal de guerra. Por la cagada se conoce al pájaro, dicen en Cuba.

Vargas Llosa considera al exilio cubano, una especie de criatura angelical injustamente tratada. En señal de desagravio, funge de prócer en la Fundación Hispano Cubana, organización derechista madrileña que comparte objetivos con la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) de Miami, a pesar de que esta banda utilice el terror económico y militar contra la democracia popular cubana, como así lo reconoce el Imperio: “Reagan fue el creador de la Fundación Nacional Cubano-Americana, cuyo siniestro papel en el bloqueo y el terrorismo contra Cuba se revelaría años después cuando el gobierno de Estados Unidos desclasifica documentos secretos” (Reflexiones de Fidel Castro: El Imperio y la mentira). Pese a ello, el periódico español El País- órgano de propaganda del tolerante presidente Zapatero- denomina luchador anticastrista a Posadas Carriles, autor intelectual del derribo de un avión civil cubano y de atentados con bombas contra hoteles de La Habana.

Cínico denunciador, finge escandalizarse porque millones de pobres abandonan sus hogares para emigrar a los países desarrollados “pacíficos”, y brama que ello se debe a las actitudes despóticas de bárbaros gobernantes, violadores de libertades y derechos económicos. Mentiroso codicioso, oculta que esos bárbaros son impuestos por el Primer Mundo, mediante el soborno o por la fuerza militar, para aplicar los métodos económicos responsables directos de la explosión migratoria. Frustrado temeroso, contempla que el actual estado de Derecho- basado en una legislación pensada para beneficiar exclusivamente a las oligarquías locales- se derrumba en América Latina y le espanta que ocurra en otras regiones del planeta.¡Qué despropósito! ¡La “libertad” que permite a los privilegiados enriquecerse a costa de los demás, puesta en entredicho!

Pobre Mario. Envidioso y oportunista, puta triste del neoliberalismo. Su honor es una quimera y su causa una decadente, y repulsiva, realidad.