lunes, 19 de septiembre de 2011

Juan Gelman sobre el 11-S 2001


Los fallos de seguridad antes del 9/11
¿Sabían? Pues sí

Página 12
19-09-2011


Una unidad de espionaje de EE.UU., la División de Amenazas Asimétricas del Comando Conjunto de Fuerzas de Inteligencia (JFIC, por sus siglas en inglés), detectó antes del 11/9 la posibilidad de que Al Qaida atacara las Torres Gemelas y el edificio del Pentágono. La información fue de- sechada y casi 3000 civiles perdieron la vida en un atentado terrorista que, por alguna razón, no se pudo o no se quiso evitar.

En general se ha hablado de las fallas de la CIA y del FBI en esta materia. Pero el sitio independiente Truthout dio a conocer documentos del Organismo de Inteligencia de Defensa filtrados por un ex miembro de aquella División, conocida por el acrónimo DO5, que algo de luz arrojan sobre un tema que ninguna comisión investigadora supo escrutar a fondo. La documentación fue acercada y comentada por Iron Man, alias o seudónimo o nombre de guerra de quien fuera jefe de esa unidad desde fines del 2000 hasta junio del 2001. “Hombre de hierro” eligió guardar el anonimato para proteger a su familia de posibles represalias. Las revelaciones no son de poca monta.

La DO5 fue creada en 1999 y su tarea consistió en descubrir la existencia de planes terroristas preparados en el exterior o localmente que podrían llevarse a cabo en territorio estadounidense. Era una rama del JFIC y, en ese marco, prestó una atención muy prolija a Osama bin Laden y acólitos que radicaban entonces en Afganistán. Presentó “numerosos informes en los que se determinaban los probables y posibles movimientos de Usama bin Ladin (sic) y Mullah Omar”, incluida “la verosímil identificación de la casa en la que Khalid Sheikh Mohammed presuntamente había planeado los ataques”, y reunió información que apuntaba a la viabilidad de que Al Qaida intentara un golpe contra las Torres, el edificio del Pentágono y aun otros objetivos (www.truth-out.org, 13/6/11).

Entre fines del 2000 y junio del 2001, altos jefes del Pentágono se reunieron para evaluar los datos aportados por la DO5. Iron Man registra que se llegó a sugerir que se advirtiera al personal de seguridad y a la plana de ingenieros del World Trade Center del eventual ataque, pero la idea se de- sechó por “la renuencia de los mandos a contactar a la comunidad civil”. Curiosa omisión. “En otras palabras: la administración Bush tenía pleno conocimiento, antes del 11/9, de que la organización terrorista se había fijado esos objetivos y, aparentemente, los funcionarios del gobierno no actuaron en función de tales advertencias.” El por qué fue así es todavía habitante de la oscuridad.

Iron Man y los agentes de la DO5 y del JFIC “estaban cerca de capturar a Bin Laden”, pero el vicealmirante Martin J. Meyer, subjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas de EE.UU. que asistía a esas reuniones de evaluación, manifestó al mayor general Larry Arnold y demás colegas que “su preocupación por Osama bin Laden como una posible amenaza para EE.UU. era infundada”. Lo dijo dos semanas antes del 11/9 y parece que se equivocaba. Mayer pasó a retiro en 2003 y fue contratado inmediatamente por la Lockheed Martin, una de las megaempresas que más lucran con las guerras de Irak y Afganistán merced a los contratos del Pentágono (www.lockheedmartin.com, 8/4/03).

Uno de los documentos cuya desclasificación logró Iron Man es un informe del inspector general del Ministerio de Defensa fechado el 23 de septiembre de 2008, en el que se señala que la jefa del JFIC, identificada más adelante como capitana Janice Dundas, había ordenado que cesara el seguimiento de Bin Laden “porque no era de competencia de la misión del JFIC”. Con un argumento parecido se cortó el examen de los “campos terroristas de entrenamiento” en Afganistán: “Esas cuestiones no se encuentran en la línea de natación del JFIC”. (www.scribd.com/doc/28486103/FOIA-Review-of-Joint-Forces-Response-911 5-3-10). ¿Tendría la capitana, con una graduación relativamente menor en cualquier fuerza armada, tanto poder como para tomar por su exclusiva cuenta decisiones de semejante importancia? ¿O las órdenes venían de arriba, de muy arriba?

Las revelaciones de Iron Man exhiben que la información fue ocultada a la Comisión Nacional sobre los ataques terroristas en EE.UU., establecida por una ley del Congreso el 27 de noviembre del 2002 –más de un año después de los atentados– con la misión de conocer las circunstancias que los rodearon, así como el estado de preparación y la respuesta a los ataques. La integraban cinco legisladores republicanos y cinco demócratas.

Los apéndices del informe del inspector general del Pentágono muestran que se introdujeron cambios significativos en las respuestas que los analistas del JFIC proporcionaron a los investigadores del Congreso sobre su trabajo de Inteligencia en torno de Bin Laden, Al Qaida y los talibán (www.truth out. org, 23-5-11). Una capa de silencio más.


W. Bush participó, desde luego, en la ceremonia del décimo aniversario del 11/9. Se lo ve en la foto muy serio y compungido. Tal vez Dios le dictaba algo en ese instante. Porque a él, Dios le habla, según dijo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

11-S, el aniversario ignorado


La Vanguardia
12-09-2011

El principal asunto que evoca el aniversario del 11-S quedará seguramente marginado del informe mediático. Se trata de las guerras que la sombra del macro atentado de Nueva York ha venido justificando desde entonces. La “guerra contra el terrorismo”, subproducto del “conflicto de civilizaciones”, fue un mero pretexto para realizar las ambiciones de Washington que siguieron al fin de la guerra fría: completar el dominio de las regiones energéticas de Oriente Medio y Asia Central, las principales del planeta, algo que estaba en el programa y los planes de los estrategas desde el mismo momento en que la URSS dejó de existir en 1991, es decir desde diez años antes de los ataques de Nueva York y Washington, episodios, por otra parte, rodeados de todo tipo de incógnitas que se prefiere no remover. En el centro del evento está la cuestión del precio humano de esas guerras.

El estudio más serio realizado hasta la fecha sobre Irak, el de las universidades Johns Hopkins y Al-Mustasiriya publicado en la revista The Lancet estableció 650.000 muertes atribuidas a la guerra entre marzo de 2003 y julio de 2006. Cuando han sido mencionadas, esas cifras han sido calificadas de “polémicas” por muchos medios de comunicación que prefieren los números, mucho menos fiables, del Iraq Body Count, que reduce la cifra a 150.000 muertos, por la sencilla razón de que rebajan la enormidad de la responsabilidad occidental.

En 2008, una empresa británica de encuestas, el Opinion Research Business, estimó la mortandad de la guerra en un poco más de un millón. El problema es que antes de 2003, Irak sufrió doce años de sanciones y embargos que mermaron la sanidad pública, el suministro de agua potable y la adquisición de medicamentos, entre otras cosas. Unicef estimó que esa política fue responsable de quizá medio millón de muertes, en gran parte reflejo de una tasa de mortalidad de niños menores de cinco años del 125 por mil, que casi triplicó la anterior al bloqueo.

El Presidente Clinton, ninguneó ese informe y su Secretaria de Estado, Madeleine Albright, llegó a decir que fue el precio que hubo que pagar para deshacerse de Sadam Hussein. De modo parecido, el Presidente George W. Bush ninguneó el informe publicado por The Lancet. Pero eso cambia poco lo esencial: la presencia de un crimen espantoso y masivo, al que se puede aplicar el tan abusado término de genocidio, al lado del cual la matanza de las torres gemelas de Nueva York, fue un juego de niños. Si existiera algo lejanamente cercano a una justicia internacional, enjuiciar este crimen debería ser su primer cometido.


Pero las consecuencias del 11-S no se limitaron a Irak. Está Afganistán. El atentado de Nueva York añadió una década más a la guerra de los treinta años que el intervencionismo extranjero agravó y multiplicó por mil en sus efectos en ese desgraciado país, desde la intervención soviética de 1979. Al día de hoy, cuando se habla de retirada en el 2014, los planes reales sugieren una década más de presencia militar extranjera en el país. Afganistán añade a las cifras de Irak varias decenas de miles de muertos más. El último estudio publicado, “Cost of War”, de la Universidad de Brown, baraja un mínimo de 225.000 muertos entre Irak y Afganistán. Estas cifras, como la de los ocho millones de iraquíes y afganos “desplazados” por la guerra, raramente encuentran mención en las crónicas políticas sobre el 11-S, pese a que su relación con el atentado neoyorkino es manifiesta y evidente.

Lo mismo ocurre con la crónica económica, al hablar de los déficits de Estados Unidos y del “vivimos por encima de nuestras posibilidades” (¿quienes?) en general. El premio Nobel Joseph Stiglitz estima que las guerras de Irak y Afganistán le han costado al contribuyente americano 3,2 billones de dólares, por lo menos. ¿Tiene ese gasto algo que ver con los actuales déficits? ¿puede ser ignorado ese dato en la crónica de la “crisis financiera”? Si en Europa se habla de austeridad, ¿no habría que empezar por cortar los gastos en Afganistán y Libia? Es sin duda una pregunta ingenua.

Lo peor es que la ideología del 11-S puede recrear eternamente la guerra sin fin contra un oscuro enemigo “terrorista”, cuya génesis fue propiciada –por lo menos- por el propio belicismo. Bin Laden y su internacional fueron un producto de la cruzada occidental contra la URSS en Afganistán, la que potenció un radicalismo sunita enfocado contra el Irán de Jomeini y el laicismo afgano, lo que obliga a preguntarse qué tipo de desastres se están potenciando hoy, por ejemplo en Libia.

La situación de esta guerra sin fin instalada en nuestra cotidianeidad fue explicada con toda claridad en julio de 2004 por el entonces jefe del estado mayor del ejército de Estados Unidos, Peter Schoomaker; “las guerras anteriores fueron como contraer una neumonía, que podía dejarte unas cuantas cicatrices en los pulmones pero de la que te curabas, la actual guerra contra el terrorismo es como el cáncer: puedes estar bajo tratamiento, pero no se te va a ir nunca mientras vivas”, explicó el General. Lo que ha venido después de Irak y Afganistán, es decir las intervenciones noratlánticas en; Pakistán, Somalia, Yemen y Libia, confirman esa enfermedad incurable: la guerra convertida en rutina.

En Libia, el “ministro de sanidad” de los insurgentes apoyados por la OTAN, Nadshi Barakat, ha dicho que en los seis meses que llevamos de conflicto se han registrado 30.000 muertos y 50.000 heridos, mientras la OTAN desmiente, por boca de su secretario general, que haya, “ningún informe confirmado sobre muertos civiles” en las 22.000 operaciones y 8256 bombardeos que su organización ha llevado a cabo allá. La ausencia de cifras parece tomar el relevo a aquellos “daños colaterales” citados por aquel desvergonzado portavoz de la alianza en la operación yugoslava que fue Jamie Shea. La guerra ha sido siempre un recurso en tiempos de crisis. Su actual rutina, y la interesada confusión sobre sus efectos y consecuencias humanas, contrastan mucho con la fanfarra global alrededor del aniversario en el “Ground Zero”.

martes, 13 de septiembre de 2011

Del 11-S 2001 al 11-S 2011, lea A y B


(A) 10 años del 11 de septiembre

11-09-2011



“Si ves algo, di algo”. El mensaje oficial antiterrorista del gobierno estadunidense se repite en carteles, anuncios en las estaciones de metro, en los medios, mientras cada vez más cámaras graban los movimientos de ciudadanos, y en los aeropuertos los pasajeros son sometidos a múltiples inspecciones y una ley permite a las autoridades espiar a la población.
Pero a lo largo de estos 10 años después del 11-S, al parecer nadie vio ni dijo nada (oficialmente) de otra amenaza que ha causado más destrucción que ese atentado terrorista: la crisis económica. El “terrorismo” ha sido sustituido por la inseguridad económica como el asunto nacional de mayor preocupación en este país.
Sin embargo, poco ha cambiado en el discurso oficial (a fin de cuentas aún tienen que justificar varias guerras y medidas de seguridad). El clima de temor generado por los atentados del 11-S alcanzó toda esquina del país, nutrido por la cúpula política y por los grandes medios, y transformó el panorama político y social.
El 11-S justificó la creación de una nueva secretaría, tal vez la más grande burocracia federal después del Pentágono, que lleva el nombre ominoso de “Departamento de Seguridad Interna”. Su titular, Janet Napolitano, emitió un comunicado hace un par de días que resume la retórica oficial actual: “a medida que se acerca el décimo aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre, la seguridad de la población estadunidense sigue siendo nuestra principal prioridad”. Por ahora, reportó, aunque no se cuenta con información de que terroristas “estén planeando ataques en Estados Unidos para coincidir con el décimo aniversario del 11 de septiembre, seguimos en un máximo estado de vigilancia, con medidas de seguridad listas para detectar y frustrar ataques contra Estados Unidos, si surgieran”. Concluyó: “Les recordamos a nuestros socios locales, estatales y federales, y al público, que se mantengan atentos e informen de cualquier actividad sospechosa a las autoridades locales y agentes de la ley”.
Con el 11-S, el tema de “seguridad” se convirtió en el objetivo supremo de los gobernantes y se usó tanto para promover una política bélica internacional como para controlar, si no suprimir, la disidencia. La retórica oficial desde el 11-S hasta ahora es una combinación de convocatoria a “la unidad” patriótica con lo anunciado por George W. Bush: “o están con nosotros o están con los terroristas”.
Las consecuencias políticas del 11-S, dentro y fuera de Estados Unidos, fueron justo las pronosticadas por Noam Chomsky en entrevista con La Jornada tres días después del ataque, cuando expresó que los atentados son “un regalo a la derecha dura jingoísta estadunidense, y también a la de Israel... Ésta será una oportunidad maravillosa para imponer más reglamentación, más disciplina, promover los programas que desean aquí…” Y advirtió que los gobernantes “esperarán –tal vez fracasarán– poder aplastar a la disidencia interna. En general, las atrocidades y la reacción ante ellas fortalecen a los elementos más brutales y represivos en todas partes”.
En los primeros meses después del 11-S se atacaba a opositores de la política oficial casi como traidores. En ese clima se aprobó la Ley Patriótica, que otorgó nuevos poderes al Ejecutivo para espiar a la población y la FBI, entre otras agencias, empezó a usar esta ley para incrementar su vigilancia de diversas agrupaciones, sobre todo las musulmanas, pero también las que se oponen a la guerra. El llamado “gobierno secreto” multiplicó sus presupuestos y personal tanto para misiones internacionales como para la seguridad interna.
Diez años después, la opinión pública está dividida sobre las políticas antiterroristas que se impulsaron después del 11-S. Sólo una cuarta parte piensa que las guerras en Irak y Afganistán han disminuido las posibilidades de atentados terroristas en Estados Unidos; las mayorías creen que esas guerras han incrementado el riesgo de ataques terroristas o no han cambiado en nada ese riesgo, según un nuevo sondeo del Centro de Investigación Pew.
Con el paso del tiempo, cada vez menos estadunidenses piensan que es necesario ceder libertades civiles para frenar el terrorismo en el país; ahora el 40% piensa que sí es necesario, comparado con 55% de poco después de los atentados en 2001. Ahora, una mayoría, 68% contra 29%, se opone a la vigilancia de llamadas personales y correos electrónicos por parte del gobierno (www.pewresearch.org).
Pero todo está bajo vigilancia, o por lo menos ésa es la impresión que se quiere dar. Además de militares, policías y agentes del gobierno, hay más de un millón de guardias privados –muchos veteranos de guerra– en Estados Unidos, más del doble que hace una década, para vigilar desde campos de golf hasta malls y casas de ricos, reporta el Washington Post. Las videocámaras de seguridad están por todas partes (dicen). A tal grado que, una empresa de modas, Kenneth Cole, tenía una campaña de publicidad que sugería que como el ciudadano es fotografiado decenas de veces cada día, es importante vestirse y verse bien.
El temor como eje central de la vida política no es nada nuevo en este país, y la “amenaza” externa es columna vertebral del discurso estadunidense, incluida la “amenaza” de esos “otros” dentro del mismo país, donde juega una parte clave el asunto de la raza y los inmigrantes, como las “ideologías” ajenas. Ese temor se sigue nutriendo con menciones de “alertas máximas” repetidas hasta el cansancio.
Para el veterano comentarista Frank Rich, en un artículo en la revista New York, lo que sucedió después del secuestro de los aviones que perpetraron el 11-S fue “otro secuestro: el del 11-S por aquellos que lo explotaron por motivos grandes y pequeños, tanto ideológicos como abiertamente comerciales”, incluido el uso del ataque para lanzar una guerra contra un país que no había atacado a Estados Unidos, como para fines político-electorales.
Pero Rich afirma que al revisar la última década, “tal vez el suceso más consecuente de los últimos 10 años podría no haber sido el 11-S o la guerra en Irak, sino el saqueo de la economía estadunidense por los que están en el poder en Washington y Wall Street. Esto ocurrió a plena vista, o por lo menos así lo podemos ver ahora desde cierta distancia. En su momento, estábamos tan enfocados en la amenaza externa de Al Qaeda a Estados Unidos que no prestamos la atención apropiada a las amenazas más prosaicas dentro del país”.
Y es que una década después, otra amenaza ha sustituido a la del “terrorismo” como máxima preocupación nacional: la peor crisis económica desde la gran depresión que ha destruido las vidas de millones de familias en este país. La década que comenzó con el derrumbe de las Torres Gemelas, causado por el primer ataque externo a Estados Unidos, está concluyendo con los escombros económicos y sociales de una crisis económica que no fue provocada por “terroristas” extranjeros, sino por políticos y banqueros estadunidenses.

Fuente: http://progreso-semanal.com/4/index.php?option=com_content&view=article&id=3786:10-anos-del-11-de-septiembre&catid=3:en-los-estados-unidos&Itemid=4





(B) Torres Gemelas: el derrumbe
de las mentiras

08-09-2011


El presidente Bush recibe la noticia de la tragedia del WTC, sin embargo
permaneció impávido sin pronunciarce, algo poco usual dada la magnitud del evento
 

Cualquiera que tenga dudas sobre el colapso de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 conoce el síndrome. Sus conocidos le preguntarán invariablemente: ¿entonces tú crees en la teoría de la conspiración?
Y aquí es donde no debe flaquear. Las dudas son sobre el colapso. No hay que moverse ni un ápice de ese terreno: el derrumbe de las Torres Gemelas y del rascacielo WTC 7 (de 47 pisos, que no fue impactado por los aviones) no ha recibido una explicación adecuada. Eso no hay que perderlo de vista. Y las discusiones sobre conspiraciones no ayudan en nada a aclarar la forma y velocidad de dicho colapso.
Este es el punto central sobre el cual se concentra el análisis de los miembros de la organización Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 9/11. Cualquiera puede examinar el voluminoso expediente de pruebas que ha reunido esa organización en su sitio, www.ae911truth.org. Ya son mil 549 ingenieros, arquitectos y físicos estadunidenses los que han firmado una petición para reclamar una investigación seria sobre lo ocurrido ese día en Manhattan. Nadie puede dejar de revisar el material en ese portal.
Todo esto merece una explicación más detallada. Los aviones que fueron estrellados contra las Torres Gemelas provocaron una fuerte explosión y un gran incendio. Los informes oficiales de las agencias estadunidenses se limitan a examinar qué pasó en los edificios en el lapso transcurrido entre el impacto de los aviones y el inicio del colapso. Una vez que comienza el desplome de las Torres Gemelas, los informes abandonan el relato.
Tal pareciera que al hablar de los impactos y el incendio que les siguió se hubiera agotado el tema y ya no fuera necesario seguir el análisis. Los informes del Instituto de normalización y tecnología, NIST, de la Agencia de manejo de emergencias, FEMA, y de la Comisión especial nombrada por el entonces presidente Bush tienen diferencias. Pero coinciden en que los incendios no fundieron la estructura de acero, y que el impacto y el fuego debilitaron los amarres de los pisos directamente afectados, haciendo que cedieran y que se desplomaran los edificios. Hasta aquí su explicación.
Pero esto es lo esencial: los informes no dicen nada sobre la forma en que se desenvuelve el colapso de las Torres Gemelas o del edificio WTC 7. Entre otras cosas, no explican por qué los tres edificios se desplomaron a la velocidad de una caída libre. La evidencia de las filmaciones de los tres derrumbes es clarísima. En los tres casos, el colapso se lleva a cabo como si entre los pisos superiores y la planta baja no hubiera nada que ofreciera resistencia. Eso es una anomalía que sorprende a cualquier arquitecto o ingeniero. Las estructuras de acero de los pisos inferiores están hechas para resistir y estaban intactas después del impacto de los aviones. Tuvieron que ofrecer resistencia. Los informes oficiales no dicen nada sobre esto.
Por otra parte, las dos Torres Gemelas se componían de varios cientos de miles de toneladas de concreto que fueron pulverizadas en el derrumbe. Los ingenieros, físicos y arquitectos que han examinado la evidencia después del colapso saben bien que, si se arroja un bloque de concreto desde una altura de cien pisos, lo único que se va a lograr es que se despedace. Pero no se va a pulverizar. Para ello se requiere una fuente de energía adicional. ¿Pudieron los pisos superiores comprimir y pulverizar el concreto de los pisos inferiores? La respuesta es negativa: si los pisos superiores hubieran comprimido los pisos inferiores, provocando la pulverización, la caída no se hubiera llevado a cabo a la velocidad gravitacional.
¿Cómo fue eliminada la resistencia de los pisos inferiores para permitir el colapso a la velocidad de caída libre? ¿De dónde salió la energía que permitió pulverizar los cientos de miles de toneladas de concreto de las dos torres? Esas dos preguntas carecen de respuesta oficial. Varios estudios serios apuntan en una dirección: explosivos.
No se trata de explosivos convencionales, como los usados en cualquier demolición controlada. El análisis de muestras de polvo y de fragmentos de las construcciones revela la presencia de microesferas de hierro fundido y aluminio, testimonio de reacciones con el explosivo incendiario termita. Varios estudios sobre muestras de polvo concluyen sobre la presencia de virutas con compuestos de nanotermita (partículas de óxido ferroso incrustadas en una matriz rica en carbono). Todo eso indica, según esos estudios, que estuvieron presentes explosivos no convencionales en los sucesos del 11 de septiembre y que podrían haber eliminado la resistencia de los pisos inferiores, explicando así la velocidad de caída libre del colapso.
El gobierno más mentiroso en la historia de Estados Unidos puso sobre la mesa tres informes para aclarar lo que había acontecido el 11 de septiembre de 2001. Lo que dicen es muy sencillo. Ese día es realmente histórico porque se rompieron las leyes más elementales de la física.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Las consecuencias mundiales de la decadencia de Estados Unidos


La Jornada
28-08-2011



Hace 10 años, cuando algunas personas y yo hablábamos de la decadencia de Estados Unidos en el sistema-mundo, a lo sumo nos topábamos con sonrisas de condescendencia ante nuestra ingenuidad. ¿No era Estados Unidos la única superpotencia, involucrada en cada uno de los rincones más remotos de la Tierra, haciendo lo que quisiera casi todo el tiempo? Ésta era una visión compartida a todo lo ancho del espectro político.
Hoy, la visión de que Estados Unidos está en decadencia, en seria decadencia, es una banalidad. Todo el mundo lo dice, excepto algunos políticos estadunidenses que temen ser culpados por las malas noticias de la decadencia si la discuten. El hecho es que prácticamente todo el mundo cree hoy en la realidad de esa decadencia. Sin embargo, algo que está menos discutido es cuáles han sido y serán las consecuencias en el mundo de esta decadencia. La decadencia tiene raíces económicas que siguen su curso. Pero la pérdida del cuasi monopolio del poder geopolítico que Estados Unidos ejerció alguna vez tiene consecuencias políticas importantes en todas partes.
Empecemos con una anécdota contada en la sección de Negocios del New York Times el 7 de agosto. Alguien que gestiona inversiones en Atlanta apretó el botón de pánico en nombre de dos acaudalados clientes que le dijeron que vendiera todas sus acciones y que invirtiera el dinero en un fondo común de inversión más o menos blindado. El gestor dijo que, en los 22 años que llevaba en el negocio, nunca había recibido una petición como ésa. Era algo sin precedentes. El periódico le llamó a esto el equivalente “Wall Street” de la opción nuclear. Iba en contra del consagrado consejo tradicional de asumir un enfoque firme y constante conforme se avanza ante los vaivenes del mercado.
Standard & Poor’s ha reducido su calificación crediticia de Estados Unidos de AAA a AA+, también algo sin precedentes. Pero esto fue una acción bastante leve. La agencia equivalente en China, Dagong, ya le había reducido la credibilidad crediticia a Estados Unidos en noviembre pasado a A+, y ahora se le redujo a A-. El economista peruano Oscar Ugarteche ha declarado que Estados Unidos es una república bananera. Dice que Estados Unidos ha optado por la política del avestruz para no espantar a las expectativas (de crecimiento).
Y en Lima, la semana pasada, los ministros de finanzas de los estados sudamericanos, reunidos, han discutido urgentemente cómo aislarse de la mejor manera ante los efectos de la decadencia económica de Estados Unidos. El problema para todo el mundo es que es muy difícil aislarse de los efectos de la decadencia estadunidense. Pese a la severidad de su decadencia económica y política, Estados Unidos continúa siendo un gigante en el escenario mundial, y cualquier cosa que pase ahí sigue provocando grandes olas en todas partes.
Con toda certeza, el impacto más fuerte de la decadencia estadunidense ocurre y seguirá ocurriendo al interior de Estados Unidos. Los políticos y los periodistas hablan abiertamente de la disfuncionalidad de la situación política estadunidense. ¿Pero qué otra cosa puede ser sino disfuncional? El hecho más elemental es que los ciudadanos estadunidenses están aturdidos por el mero hecho de la decadencia. No es sólo que los ciudadanos estadunidenses sufran ellos mismos, materialmente, por la decadencia, y que estén profundamente asustados de que sufrirán más conforme el tiempo avance. Es que habían creído a nivel muy profundo que Estados Unidos es la nación elegida, designada por Dios o la historia para ser el país modelo en el mundo. El presidente Barack Obama sigue tratando de tranquilizarlos diciendo que Estados Unidos es un país triple A.
El problema para Obama y para todos los políticos es que muy pocas personas siguen creyendo eso. El golpe al orgullo nacional y a la imagen propia es formidable, y es también muy repentina. El país está tomando muy mal este golpe. La población busca chivos expiatorios y ataca muy a lo loco, y no con demasiada inteligencia, a los supuestos culpables. La última esperanza parece ser que alguien sea culpable, y como tal el remedio sea cambiar a las personas con autoridad.
En general, las autoridades federales son vistas como las que hay que culpar: el presidente, el Congreso, ambos partidos principales. La tendencia es muy fuerte hacia tener más armas a nivel individual y a ejercer un recorte del involucramiento militar fuera de Estados Unidos. Culpabilizar de todo a la gente de Washington conduce a una volatilidad política y a luchas intestinas locales cada vez más violentas. Estados Unidos es hoy, diría yo, una de la entidades políticas menos estables en el sistema-mundo.
Esto hace de Estados Unidos no sólo un país cuyas luchas políticas son disfuncionales, sino uno que es incapaz de consolidar mucho poder real en la escena mundial. Entonces, hay una caída importante en la fe en el país, y en su presidente, por parte de los aliados tradicionales de Estados Unidos fuera y por la base política del presidente en casa. Los periódicos están llenos de análisis de los errores políticos de Obama. ¿Quién puede argumentar con esto? Con suma facilidad, yo podría enlistar docenas de decisiones que Obama hizo, y que desde mi punto de vista fueron equivocadas, cobardes o algunas veces directamente inmorales. Pero me pregunto si, de haber tomado las mucho mejores decisiones que su base supone que debió tomar, habría habido mucha diferencia en el resultado. La decadencia de Estados Unidos no es el resultado de decisiones pobres por parte de su presidente, sino de las realidades estructurales en el sistema-mundo. Obama puede ser el individuo más poderoso del mundo todavía, pero ningún presidente estadunidense es tan poderoso hoy como los presidentes de antaño.
Hemos entrado en una era de agudas, constantes y rápidas fluctuaciones –en las tasas de cambio de las divisas, en las tasas de empleo, en las alianzas geopolíticas, en las definiciones ideológicas de la situación. El grado y rapidez de estas fluctuaciones conduce a la imposibilidad de contar con predicciones de corto plazo. Y sin alguna estabilidad razonable en las predicciones de corto plazo (tres años más o menos) la economía-mundo se paraliza. Todo el mundo tendrá que ser más proteccionista e introspectivo. Y los estándares de vida bajarán. No es un cuadro bonito. Y aunque hay muchos, muchos aspectos positivos para muchos países a causa de la decadencia estadunidense, no hay certeza de que en el loco bamboleo del barco mundial, otros países puedan de hecho beneficiarse como esperan de esta nueva situación.
Es tiempo de un análisis de largo plazo mucho más sobrio, de juicios morales mucho más claros acerca de lo que el análisis revela, y de acciones políticas mucho más efectivas en el esfuerzo, en los próximos 20 o 30 años, para crear un mejor sistema-mundo que en el que estamos atorados ahora.
Traducción: Ramón Vera Herrera
©Immanuel Wallerstein

jueves, 25 de agosto de 2011

El capitalismo siniestro cae en picado sobre Libia


Pepe Escobar
Asia Times Online
25-08-2011
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Piensen en la nueva Libia como el último y espectacular capítulo de las series del Capitalismo Siniestro. En lugar de armas de destrucción masiva, nos encontramos con la R2P (“responsabilidad para proteger”). En lugar de neoconservadores, ahí tenemos a los imperialistas humanitarios.

Pero el objetivo es el mismo: el cambio de régimen. Y el proyecto es el mismo: desmantelar completamente y privatizar una nación que no estaba integrada en el turbo-capitalismo; abrir otra (lucrativa) tierra de oportunidades para el turboalimentado neoliberalismo. Todo nos viene especialmente bien, todo es útil, ahora que nos encontramos en medio de una recesión casi global.

Llevará algún tiempo; el petróleo libio no regresará completamente al mercado hasta dentro de unos 18 meses. Pero ahí tenemos también la reconstrucción de todo lo que la Organización del Tratado para el Atlántico Norte (OTAN) ha bombardeado (sin olvidar que en Iraq aún no se ha reconstruido gran cosa de todo lo que el Pentágono arrasó en 2003…).
En cualquier caso, y en teoría –desde el petróleo a la reconstrucción-, se avecinan jugosas oportunidades para hacer negocios. El neo-napoleónico Nicolas Sarkozy de Francia y el británico David Cameron de Arabia creen que están especialmente bien posicionados para aprovecharse de la victoria de la OTAN. Pero no hay garantía de que la nueva bonanza libia sea suficiente para sacar a los antiguos poderes coloniales (¿neocoloniales?) de la recesión.

Será sobre todo el presidente Sarkozy quien ordeñe, en todo lo que valen, las oportunidades de negocio para las compañías francesas como parte de su ambiciosa agenda “estratégica del reorientación” de Francia en el mundo árabe. Unos medios de comunicación franceses serviles no dejan de regodearse con que esta era “su” guerra, repitiendo una y otra vez que decidió armar a los rebeldes sobre el terreno con armamento francés, en estrecha cooperación con Qatar, incluyendo una unidad clave de comandos rebeldes que se trasladó por mar desde Misrata a Trípoli el sábado pasado al comienzo de la “Operación Sirena”.

Bien, Sarkozy vio realmente el comienzo de todo cuando el jefe de protocolo de Muamar Gadafi desertó y se fue a París en octubre de 2010. En ese momento fue cuando empezó a incubarse todo el teatro del cambio de régimen.

Bombas por petróleo
Como señalé anteriormente (véase “Bienvenidos a la democracia en Libia” del 24 de agosto), los buitres ya están sobrevolando Trípoli para atrapar (y monopolizar) el botín. Y sí, la mayor parte de las acciones desplegadas tienen que ver con el reparto del petróleo, como manifestó Abdeljalil Mayuf, director de información de la compañía “rebelde” Arabian Gulf Oil: “No tenemos problema con las compañías de países occidentales como Italia, Francia y Gran Bretaña. Pero puede que tengamos algunos inconvenientes políticos con Rusia, China y Brasil”.

Sucede que estos tres países son miembros destacados del grupo BRICS de economías emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que están actualmente creciendo mientras que las economías atlantistas y bombardeadoras de la OTAN están varadas en el estancamiento o en la recesión. Sucede que también los cuatro BRICS más importantes se abstuvieron de aprobar la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, el timo de la zona de exclusión aérea que se metamorfoseó en el cambio de régimen facilitado por la OTAN desde arriba. También ellos vieron la historia muy clara desde el principio.
Para empeorar aún más las cosas (para ellos), sólo tres días antes de que el AFRICOM del Pentágono lanzara sus primeros 150, más o menos, Tomahawks sobre Libia, el coronel Gadafi dio una entrevista en la televisión alemana haciendo hincapié en que si atacaban el país, todos los contratos alrededor del petróleo irían a parar a las compañías rusas, indias y chinas.

Así pues, los ganadores de la bonanza del petróleo son los ya nombrados: los miembros de la OTAN más las monarquías del Golfo. Entre las compañías implicadas: British Petroleum (BP), la Total de Francia y la compañía nacional petrolera de Qatar. En cuanto a Qatar –que envió aviones de combate y de reclutamiento a las líneas del frente, además de “rebeldes” entrenados en técnicas de combate exhaustivas que ya están administrando las ventas de petróleo en la zona oriental de Libia-, se revelará que la guerra misma fue una decisión inversora muy acertada.

Antes de los largos meses de crisis que están llegando ahora a su jugada final con los rebeldes en la capital, Trípoli, Libia estaba produciendo 1,6 millones de barriles al día. Una vez que vuelva a ponerse en marcha la producción, ésta podría hacer que los nuevos gobernantes de Trípoli recojan una cosecha anual de alrededor de 50.000 millones de dólares. La mayor parte de las estimaciones sitúan las reservas de petróleo en 46.400 millones de barriles.

Es mejor que los “rebeldes” de la nueva Libia no se metan con China. Hace cinco meses, la política oficial de China ya estaba llamando a un alto el fuego; si tal cosa hubiera sucedido, Gadafi controlaría aún más de la mitad de Libia. Pero Pekín –que nunca ha sido fan del cambio violento de régimen- está ejerciendo por el momento una moderación extrema.

Wen Zhongliang, el viceministro del ministerio de Comercio, observó intencionadamente: “Libia seguirá protegiendo los intereses y derechos de los inversores chinos y confiamos en continuar con el proceso de inversiones y cooperación económica”. Los comunicados oficiales incidían sobre todo en la “cooperación económica mutua”.

La semana pasada Abdel Hafiz Ghoga, vicepresidente del poco fiable Consejo Nacional Transitorio (CNT), dijo a Xinhua que había que respetar todos los acuerdos y contratos negociados con el régimen de Gadafi, pero Pekín va a tener muy pocas oportunidades.
Libia no suministró en 2010 más del 3% de las importaciones chinas de petróleo. Angola es un proveedor mucho más importante. Pero China es aún el principal cliente petrolero de Libia en Asia. Además, China podría ser de gran utilidad en el frente de reconstrucción de las infraestructuras o en la exportación de tecnología. Antes del estallido de la guerra tribal/civil, había más de 75 compañías chinas, con unos 36.000 empleados, sobre el terreno, que fueron velozmente evacuados en menos de tres días.

Los rusos –desde Gazprom a Rafnet- tenían miles de millones de dólares invertidos en proyectos libios; el gigante del petróleo brasileño Petrobras y la compañía constructora Odebrecht también tenían intereses allí. Aún no está claro qué pasará con ellos. El director general del Consejo Comercial Ruso-Libio, Aram Shegunts, está tremendamente preocupado: “Nuestras compañías lo perderán todo porque la OTAN les impedirá hacer cualquier negocio en Libia”.

Italia parece haber aprobado la versión “rebelde” de “estás con nosotros o contra nosotros”. El gigante energético ENI parece que no va a verse afectado, porque el Premier Silvio “bunga, bunga” Berlusconi plantó pragmáticamente a su anterior compinche al comienzo de los bombardeos en serie del AFRICOM y la OTAN.

Los directores de ENI confían en que antes del invierno el petróleo y el gas libio fluyan de nuevo hacia Italia. Y el embajador libio en Italia, Hafed Gaddur, volvió a asegurar en Roma que se respetarían todos los contratos de la era Gadafi. Por si las moscas, Berlusconi se reunirá con el primer ministro del CNT, Mahmud Yibril, este jueves en Milán.

Bin Laden al rescate
El ministro turco de Asuntos Exteriores Ahmed Davutoblu –el de la famosa política de “cero problemas con nuestros vecinos”- también ha estado babeando elogios a los ex “rebeldes” convertidos en mandamases. Sin perder tampoco ojo a la bonanza de los negocios post-Gadafi, Ankara –como flanco oriental de la OTAN- acabó ayudando a imponer un bloqueo naval sobre el régimen de Gadafi, cultivando cuidadosamente al CNT, al que reconoció formalmente en julio como gobierno de Libia. Se avecinan las “recompensas” comerciales.
Después tenemos el complot principal: como va a aprovecharse la Casa de los Saud de haber tenido un papel decisivo en establecer un régimen amistoso en Libia, posiblemente aderezado con notables salafíes; una de las razones claves de la embestida saudí –que incluyó una falsa votación en la Liga Árabe- fue el enorme rencor que se profesaban Gadafi y el rey Abdullah desde los preliminares de la guerra de Iraq en 2002.

Nunca se destacará suficientemente la cósmica hipocresía de una teocracia medieval/monarquía absoluta ultra-regresiva que invadió Bahrein y reprimió a sus chiíes nativos homenajeando en cambio lo que se ha intentado hacer pasar como un movimiento a favor de la democracia en el Norte de África.

De todos modos, es la hora de la fiesta. Ya verán cómo el grupo saudí Bin Laden reconstruye como loco toda Libia, convirtiendo finalmente el saqueado Bab al-Aziziyah en el monstruoso centro comercial de Tripolitania.

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com
Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MH25Ak02.html

martes, 23 de agosto de 2011

“Esta crisis mundial va a durar una o dos décadas”

Entrevista a Eric Toussaint

CADTM
23-08-2011

El politólogo belga reclama la anulación de las deudas de los países más golpeados: España, Grecia, Irlanda, Italia y Portugal.



“Los directores de los bancos centrales dijeron que la crisis estaba bajo control, pero mentían; esta crisis va a durar una o dos décadas”, sostuvo Eric Toussaint, politólogo y presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. La predicción podría parecer temeraria, pero hace un año fue él quien aseguró ante este diario que en el Viejo Continente se vivía una “situación explosiva” y que la profundidad de los cambios económicos estaría en línea con la magnitud de esas explosiones.
Aunque aparecieron los “indignados” en España y Grecia, las vacaciones de verano actuaron como una válvula de escape, por lo que “la movilización social en Europa no alcanzó el nivel de diciembre del 2001 en la Argentina”, analizó Toussaint desde Ginebra.

¿Cuál es el nivel de la gravedad de esta crisis?
Es altísimo. Es claro que los comentaristas, los gobernantes y los medios de comunicación dominantes y los directores de los bancos centrales, que afirmaron que la situación estaba bajo control, mentían de manera evidente. Estamos un poco en la situación de los años 30: el crac fue en octubre del 29 pero las bancarrotas bancarias se desataron en el 33, y entre el 29 y 33 los dirigentes estadounidenses dijeron que todo estaba bajo control. Estamos en una crisis que va a durar una o dos décadas.
¿Cuáles son las causas?
Las medidas económicas tomadas por los gobiernos de Europa y los Estados Unidos en los últimos cuatro años. La crisis empezó en junio/julio del 2007 y tuvo un pico en 2008 con Lehman Brothers, pero el golpe fuerte llegó a Europa en octubre del 2008. Luego los eslabones más débiles de la zona euro cayeron, empezando por Grecia, luego Irlanda, y hace unos meses Portugal. Ahora está por llegar a Italia y España y vuelve con fuerza a los Estados Unidos.
¿Es una crisis sistémica?
Es sistémica, pero no terminal. No hay crisis terminal del capitalismo per se. El capitalismo siempre ha atravesado crisis porque son parte de su metabolismo, pero su final será el resultado de la acción consciente de los pueblos y los gobiernos. Vamos a pasar por períodos de recesión, depresión, luego algún crecimiento y una nueva caída.
¿Por qué insisten con las tradicionales recetas de ajuste que no dieron resultado en el 2008?
Porque la resistencia a esas políticas es insuficiente.
¿Hay posibilidad de salir de esta crisis con otro tipo de políticas?  
Podría ser una salida tipo Roosevelt con un mayor control del crédito y medidas de disciplina financiera para obligar a los bancos a separarse entre bancos de inversión y de ahorro. Además, una imposición más fuerte para los sectores de mayores ingresos con la consecuente mejora de las finanzas públicas y reducción de desigualdades. Aunque también podría haber una política más radical como nacionalizar el sector del bancario y renacionalizar sectores económicos que fueron privatizados en Europa y los Estados Unidos en los últimos treinta años. Esto junto con anular las deudas de Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España.
¿Ve posible alguna de esas dos salidas?
Todo depende de la movilización social, que en Europa no alcanzó el nivel de diciembre de 2001 de la Argentina. Sin hablar de los Estados Unidos, donde no hay grandes movilizaciones sociales sino más bien activismo de la derecha extrema con el Tea Party. Aunque me parece difícil pensar que en los Estados Unidos la población acepte que se profundice el neoliberalismo, por eso hay que ver cómo fue la crisis del 30, donde las movilizaciones llegaron entre el 35 y el 36.
* Eric Toussaint entrevistado por Pablo Waisberg (Diario Buenos Aires Económico, 16/08/2011)