miércoles, 16 de mayo de 2007

CONSTRUCCIONES

Siendo él uno de los gnósticos que asumía su pensamiento como herramienta para desarmar la realidad, no pudo evitar lo que se veía llegar con evidencia irremediable: la rebelión de un grupo de ideas que, arriesgando su condición íntima y pusilánime, lograron fugarse a través de un espacio abierto y descuidado por una duda. La irresponsable duda, había desvanecido el tiempo con una margarita ya sin pétalos a su alrededor. Cuando su obligación era estar vigilante, para evitar cualquier arremetida furtiva de la verdad.

Jhon Herrera

miércoles, 9 de mayo de 2007

Texto de Antonio Machado, en el 1ero. de mayo de 1937

Salvador López Arnal
01-05-2007

Fue hace setenta años. Casi un año después del levantamiento militar contra la República española, Machado seguía creyendo que un cristianismo laico, sin Dios por supuesto, era el futuro para un mundo en paz. El amor fraternal propuesto por el cristianismo era totalmente incompatible con los ideales fascistas de aniquilación de etnias, pueblos y personas. El Juan de Mairena póstumo ya había revisado el viejo y practicado dicho romano, Si vis pacem para bellum, por un “si quieres la paz, prepárate para vivir en un mundo en paz”. Estaba en línea Machado con el viejo Marx, quien había comentado a su hija Laura la que consideraba principal virtud del cristianismo: “Nos ha enseñado el amor a los niños”. De hecho, para el autor de Proverbios y cantares el marxismo era la praxis política que más aproximaba a las enseñanzas de Jesús. Quizás por ello, el 1º de Mayo de 1937, en el congreso, celebrado en Valencia, de las Juventudes Socialistas Unificadas, pronunció Antonio Machado un discurso en el que al mismo tiempo que exponía sus diferencias con alguna tesis del marxismo, con el peso otorgado a los asuntos económicos en la marcha de la historia humana, señalaba su defensa del socialismo como esperanza para la Humanidad. Estas fueron sus palabras1:

Desde un punto de vista teórico, yo no soy marxista, no lo he sido nunca, es muy posible que no lo sea jamás. Mi pensamiento no ha seguido la ruta que desciende de Hegel a Carlos Marx. Tal vez porque soy demasiado romántico, por el influjo, acaso de una educación demasiado idealista, me falta simpatía por la ideal central del marxismo, me resisto a creer que el factor económico, cuya enorme importancia no desconozco, sea el más esencial de la vida humana y el gran motor de la historia. Veo, sin embargo, con entera caridad, que el Socialismo, en cuanto supone una manera de convivencia humana, basada en el trabajo, en la igualdad de los medios concedidos a todos para realizarlo, y en la abolición de los privilegios de clase, es una etapa inexcusable en el camino de la justicia; veo claramente que es ésa la gran experiencia humana de nuestros días, a la que todos de algún modo debemos contribuir.

Otro grande, Albert Einstein, doce años después, finalizada la segunda guerra mundial y poco años antes de su fallecimiento, se manifestaba también en términos similares a favor del socialismo, no reducido a simple planificación económica, como forma de convivencia de la humanidad2.

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1 Extraído de: Ian Gibson, Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado. Madrid, Aguilar 2006, p. 573.
2 Véase Francisco Fernández Buey Albert Einstein. Ciencia y consciencia. Barcelona, Retratos del Viejo Too 200, pp. 259-268.

"Caminantes del Arcoiris"

(A propósito del nuevo libro de Atawallpa Oviedo)

Por Diego Velasco Andrade*

La tierra sagrada que hoy llamamos Ecuador, tierra del paralelo ecuatorial, de Qui-to o tierra del centro o mejor del “Aqua d’or”: fértil territorio de las aguas áuricas, ha constituido desde tiempos ancestrales no solo lugar de encuentro para los pueblos y culturas andinas, amazónicas y del Pacífico, sino también para los pueblos de la misma Amaru-ka o “tierra de la serpiente sagrada”, aquel mágico continente que con su configuración física y sus cadenas volcánicas, representa el reptar simbólico de la serpiente Amaru y que hoy más que nunca, nos anuncia el retorno espiral del tiempo-espacio de volteo, el punto de inflexión de este nuevo espacio/tiempo Pacha.

Sí, porque el mítico “Reyno de Quito», en el necesario construir de identidades de Juan de Velasco en el siglo XVIII; de las “Tierras del Qui” para los visionarios esposos Costales a fines del siglo XX, o del “Reino de los colibríes”, en la bella acepción del poeta andino ecuatorial Carrera Andrade, siempre fue, ha sido es y será el asiento de una milenaria civilización, que hoy apenas comienza a ser develada…Y es en este nuevo tiempo, en este despertar, en este gozoso alumbramiento de una verdadera “nueva era”, donde ubicamos el sentido y valor de la última obra de Atawallpa Oviedo, nuestro hermano y amigo de búsquedas y de senderos en esta Pacha “tierra sagrada” ecuatorial.

Si todo camino es una iniciación y si todo caminante es de por sí un buscador, si todo buscador es ya de suyo un “iniciado” y un “iniciador” de miles y miles de hombres y mujeres que “hemos vuelto” como quisiera el gran Atawallpa, aquel saber lo vamos descubriendo transitando los caminos del “yachay ñan” y del “wak’ay ñan”, como el autor denomina a aquellos senderos físicos y simbólicos, que de algún modo deberían también ser los nuestros. En otras palabras, siendo Caminantes del arco iris e internándonos en aquellos cromáticos senderos será como podremos encontrar el recto alineamiento hacia una sabiduría del equilibrio; de aquel saber ecuatorial que estuvo escondido y que hoy está volviendo a emerger en nuestra mente y en nuestro corazón y también porqué no, en nuestro territorio y que estamos seguros va a devenir la simiente y matriz de nuestras futuras identidades.

Y no es por azar que nuestro autor lleva altivo y con honor el nombre del sabio gobernante y guerrero del Chinchay Suyu, aquel que se vio precisado a ocultar a los ojos del invasor el conocimiento y reflejo sagrado de la constelación de Chincha, aquella marka de equilibrio entre el hemisferio norte y sur; el mismo yachay solar que debió ocultar los secretos de la más grande y sabia unidad territorial, política y cultural precolombina: los secretos del gran TAWA-INTI-SUYU, de aquel ordenamiento de las cuatros direcciones cósmicas de Amaruka, antes de ser sacrificado en las “santas hogueras” del bárbaro inquisidor.

De este manera, en su libro Atawallpa Oviedo comienza a tejer y deshilar antiguos y nuevos relatos, mitos e imaginarios de las ancestrales Tierras del Qui, y persevera en el descubrimiento de su sendero real-imaginario: en el camino del yachay ñan ecuatoriano, aquel camino de dualidad y complemento al kapak ñan peruano-boliviano, cuya búsqueda constituye también la constatación de la mixtura y el palimpsesto que actualmente somos; el resultado de aquel feroz encuentro entre los hijos del sol recto con aquellos de la barbarie hispánico occidental de la época; encuentro después del cual -queramos o no aceptarlo- quedaron definitivamente impresas en nuestros genes y en nuestra sangre nuestras identidades andina, amazónica y pacífico ecuatoriales, las mismas que en una sabia y paciente espera renacieron y fructificaron desde las cenizas de nuestros abuelos, para luego retornar con la fiereza y la rudeza del huracán.

En cuanto a lo formal, nos atrevemos a decir que la obra que presentamos, constituye un gran collage, un trans-género literario, un intertexto de ficción, arqueología, historia, antropología, simbólica, poética y relato, a la vez que el pre-texto de un nuevo mito legendario por desentrañar; en suma, constituye un texto de impostergable toma de conciencia de nuestras múltiples identidades, donde el autor nos sitúa desnudos a elegir un sendero, aquel recto camino solar de sabiduría de nuestros ancestros primordiales Kitus- Shyri-Caras.

Y como su maestro imaginario Yokirami le aprende, nosotros somos caminantes del arco iris, de los siete colores de la wipala, de las siete notas del viento, de los siete puntos energéticos, de los siete grados del resplandor, de las siete dimensiones del espacio tridimensional, en suma de la “unidiversidad” todos aquellos elementos que solo se estudian en las “aulas solares” (no en las escolares) y nunca en la “uni-versidad”, pues hasta ahora el “el ser racional y cientificista” inventado y heredado del mundo greco-latino, ha estado orientado por la paranoica búsqueda del UNO no diverso, del uno absoluto y autoritario, en suma del uni-verso y nunca del “multiverso”; de aquel UNO feroz que rige en las tres belicosas religiones monoteístas del mundo actual: el islamismo, el judaísmo y un tergiversado cristianismo que hoy se ven enfrentados en una lucha capitalista, global y maniquea por la pretendida conquista del planeta, en una lucha mesiánica entre los supuestos “eje del bien” y “eje del mal”, que felizmente no nos competen y peor aún deberían pre-ocuparnos.

Por el contrario, el “unidiverso” andino ecuatorial como quisiera el autor, constituye entonces el cielo y el territorio “del otro” de la diversidad y de la variedad, del holon y de lo holístico, de aquella eufemística “alteridad” inventada por euro-occidente para sanar su culpable pecado capital, su brutal genocidio, su irrespeto por las culturas diferentes y a las que creyeron “civilizadamente” aniquilar, pero que hoy siguen encontrando su cuerpo y su cabeza, luego de haber sido descuartizadas como el shyri Daquilema o el inca Tupac Amaru, pero que perseveran siempre en la búsqueda de su íntegra totalidad. Aquella misma totalidad que ahora nos convoca para cargarnos con la fuerza femenina de la tierra, del agua y de la luna de nuestra Patria, no aquellos “patria” de los patricios grecolatinos, sino de la tierra sagrada horizontal que al fundirse con la fuerza vertical masculina y solar del puma y del jaguar en un abrazo de dualidad y reciprocidad, alcanzarán el Ayni tal como lo advierte el autor, retomando las sabias lecciones del arquitecto y amauta peruano Carlos Milla Villena.

En adelante, será el cóndor quien guíe nuestros pasos y domine nuestro cielo con su visionario volar; será el puma quien asuma otra vez con sus pisadas la reconstitución de los páramos y bosques andinos depredados para pastorear la gula carnívora del conquistador; será la serpiente cíclica que se escurre en lo celeste y en el agua de las cochas y los lagos de nuestra venerada Allpa Mama y, será en éstas y en otras páginas pioneras de una nueva simbólica que deberemos internarnos con nuestra propia creatividad para contradecir la “Historia” inventada por los pensadores de la “modernidad” y “el progreso”, por las enseñanzas de la historiografía occidental y las mismas y repetitivas ideologías euro centristas de una “novísima” post- modernidad quienes nunca supieron comprender lo que significaba una “cosmovisión”, es decir una visión cósmica del ser y del estar y del bienestar: aquella de nuestros ancestros, interesada en hacer tangible el mundo del cielo en el mundo natural y de los seres humanos; tal la meta inacabada de nuestros ancestros y en la cual persevera y pulsa sus flechas y pucunas el autor.

“Hoy la mayoría de personas no pueden mirar al sol y por eso no pueden ver lo sagrado” -dice el enigmático y misterioso Yokirami maestro y alter ego del autor-, y asentimos con humildad que igualmente hoy, casi nadie sabe situarse en su espacio/tiempo ni advertir el camino del sol durante los solsticios y equinoccios y por lo tanto casi nadie sabe hoy pararse en su propio centro. Así, la obra de Atawallpa Oviedo OMA, aporta también a develar nuestros mundos internos que están todavía por suerte ocultos a la faz de los inquisidores de ayer y de hoy, pero que si no les prestamos atención, permanecerán dormidos en nuestros genes y no se activarán en nuestra memoria, desintegrándose como el polen del ñachag hacia los cuatro vientos.

En una época en la que todavía el mal entendido shamanismo, aquel negocio comercial y floreciente de los embaucadores y negociantes de nuestras culturas, rinde sus últimas batallas ante el asombro de sus crédulos, incautos y encubridores, el verdadero camino del yachay andino ecuatorial asume su recta dirección, un alineamiento en el territorio y en el cielo, buscando el centro de nuevas y luminosas identidades; buscando el shungo corazón de la Pacha, así pues el camino del yachay o Yachay ñan constituye el motivo central de la búsqueda real y simbólica de este libro. Ahora estamos claros que si la experiencia de habitar el centro del mundo debió constituir para nuestros ancestros una experiencia primordial y sagrada, el conocimiento y valoración de las claves de nuestra habitación en el chakra corazón del mundo, aquello nos permitirá gradualmente la reconstitución de las identidades ecuatoriales primordiales y es en esa búsqueda que descubriremos el vector de nuestra organización social, política y territorial futura, es decir el estatuto ontológico de las culturas y pueblos del Ecuador del siglo XXI.

Es en medio de la fluidez amorfa de un planeta global en caos, es en estas tierras que constituyen el punto de encuentro entre las energías “del mundo celeste” y del “mundo terrestre”, es en este Ecuador nuestro, tangible y actual que podremos construir un nuevo mundo de acogida para los nuevos hombres rojos, amarillos, blancos y negros del planeta que deseen venir a crecer en pacífica, diversa y fructífera convivencia y, es precisamente en la búsqueda de este sendero que Atawallpa Oviedo nos invita a seguir caminando, siempre buscando en nuestro sol ecuatorial la “unidiversidad”, la dualidad y la complementariedad de nuevos y deslumbrantes arco iris.


Ki-To, Tierra del centro, abril 2007

* Arquitecto y escritor.
Profesor de la Facultad de Comunicación Social del Ecuador.
Coordinador del colectivo Gaia Tierra Inteligente

CONSTRUCCIONES

Sentada en el rincón,
tinieblas cubren

Una hoja en blanco
recoge voces en el viento,
titilan las palabras
y trato de alcanzarlas.

Mi pensamiento,
en brazos de la jornada
libera truenos, relámpagos, tempestades;

Aquí estoy
desafiando mares.

Como barca de recio timón
alas muy grandes son mis quimeras
metáforas rojas en vasos de vino.

Martha Ron Pareja
Miembro de Ultimátum

DESDE LAS TIERRAS DEL KI

Cuentan que hace miles de años, después del diluvio universal
que relatan los libros sagrados, una semilla de maíz pudo salvarse en la cima del Kápak Urku, -nombrado por los españoles: el Altar-, para germinar con el soplo divino y florecer en el triángúlo energético formado por la mamá Tungurahua, el Taita Chimborazo y el Jatun Altar.

Entonces, el primer hombre rojo hecho de maíz y, la primera mujer hecha de quinua, empezaron a crecer y multiplicarse con los ciclos de la tierra, el aire, el fuego y el agua. La mujer sería lunar y sujeta a los vaivenes del lechoso satélite; el hombre en cambio solar, cargado de la fuerza del fuego, más siempre vulnerable al agua... Los dos cíclicos y complementarios, como la noche y el día, siempre naciendo con el amanecer y muriendo en el poniente, para renacer otra vez de sus cenizas, con el alba.

Algo similar sucedería en otras épocas y latitudes, -y en otros diluvios-, en la China con el hombre amarillo y el sagrado cereal arroz y en Egipto con el hombre negro y la alimenticia cebada, o en Europa con el hombre blanco y el dorado trigo.

Desde entonces, en las tierras primigenias de KITO: ancestral país de los kindes o Tierra de la mitad, los hombres de maíz y las mujeres de quinua, se dedicaron a inventar nuevos alimentos para el bienestar de sus hijos. El fréjol lo desarrollaron los hombres del sur de los andes ecuatoriales, los abuelos de los paltas, bracamoros y zarzas; la quinua y el amaranto los andinos centrales, tíos abuelos de panzaleos y puruwayes, cuyos abuelos llegaron desde las lejanas costas de Caraquis, hasta la tierra de los míticos cóndores de nieve o Condorazos. La papa o batata la inventaron los cañaris hijos de la guacamaya y la serpiente, pero la aclimataron los pastos y killasingas, en la región más extrema del Chinchay Suyo, territorio sagrado de Chincha: constelación del mono. Y, siguiendo después las direcciones de la Tawa, se dispersaron a los cuatro vientos.

Por su parte, los Caranquis, aportaron con casi 200 variedades de maíz y deberían tener la patente de las palomitas de maíz o cereales voladores que comemos mientras vemos el Código Da Vinci en los Cines Marks y en el austro, los Cañaris aportaron a la humanidad con el mote, que se transformó en mote pillo, - claro está-, gracias al huevo de gallo y gallina que trajeron desde la Patria Madre nuestros padres putativos…

Por eso, al explorar nuestras identidades, mucho más que buscar en las “Señas particulares” que algún gurú despistado, pretende hallar en el fenómeno de “la hora ecuatoriana”, o en la planta del pie que nos hace plantillas, o buscar en el Museo Imposible de Latacunga, el fósforo con el que chamuscaron al pan quemado, deberíamos empezar por valorar nuestras identidades, desde lo que comemos hoy y desde hace siglos: el maíz, la papa, la quinua, el fréjol, el chocho, las habas, la mashua, el amaranto, el melloco...

Así tan simple, deberíamos empezar a buscar nuestras identidades en la natural cotidianeidad de nuestra vida y en nuestra alimentación diaria. Ahora sabemos por estudios genéticos, que las tierras ecuatoriales fueron el horno en donde se amasaron al sol y la luna, los principales productos de una alimentación sana y de otras tantas “comidas de indians”, que como tantos regalos de la Allpamama, luego se expandirían en las cuatros direcciones de Amaruka y luego a todo el planeta GAIA y que salvaron del hambre, en plena revolución industrial, a los racionalistas y carnívoros del norte, quienes en principio destinaron el maíz y la papa como alimento para su ganado, pero que luego se vieron obligados a sobrevivir a sus propias guerras y desastres, comiendo papas fritas, con “pop corn” y COCA cola...

En estas fechas del solsticio de junio o INTY RAYMY, que para la cultura judeo-cristiana anuncia el Corpus Cristi, aquel maestro solar, -como lo fue Tunupa Wiracocha para los andinos, Quetzalcoatl para los mayas o Sidartha Gautama Buda para los orientales, bien vale recordar y empezar a valorar nuestras más antiguas tradiciones solares y lunares; de sentirnos hijos del maíz y seguramente hijos de la papa y de la quinua y del amaranto y de la mashua; para conseguir como profetizó el inca Atahualpa: que pasados quinientos años de oscuridad asistiríamos al regreso de miles y miles de sabios amautas, de agricultores, de escribas o quipucamayoks, de poetas o aravikos, en fin de miles de astronautas de la Nueva Pacha, para iniciar el florecimiento de la humanidad en el “tiempo-espacio que vuelve” en este Décimo Pacha-kutik, que por cierto, nada tiene que ver con ningún partido político.

Por ello, ULTIMATUM estará interesada en mirar a nuestras literaturas en el contexto amplio de los pueblos y de las culturas ecuatoriales ancestrales y contemporáneas; desde múltiples perspectivas y desde numerosas entradas, pero sobretodo desde una “cosmovisión” y no desde cualquier y maniquea “ideología” al uso y/o abuso del “hombre blanco”…

ULTIMATUM aspira a poder mirar otra vez en el cielo, a las constelaciones del Puma, del Mono y de la Cruz del Sur; a guiarnos con el reloj ecuatorial del grano sembrado y florecido de la tierra; jugar en el caparazón de la verde tortuguita de Cerro Narrío o desovillarnos en la espiral de un spondylus ancestral, para comprobar que como pueblo sol-lunar, sí somos capaces de enterrarnos en el oscuro útero de Allpa Mama y de renacer al tercer día o al tercer mes, -eso poco importa-, con la utopía de saber que somos carne de barro, ojos de quinua, cuerpo de caña y manos de abierta mazorca...

Diego Velasco Andrade

miércoles, 21 de febrero de 2007

MANIFESTUM

Manifiesto a modo de Ultimatum

Nosotros estamos aquí para decir en voz alta que nos negamos a crear literatura confinados en un guetto. Somos inventores de rompecabezas que tratamos de armar y de amar con historias imaginadas. Estamos aquí, listos para salir del guetto y tomarnos por asalto el polvorín de las palabras valientes, aquellas que han sido confinadas al olvido, por peligrosas.

En las grandes factorías de palabras vacías, solo se despachan las empalagosas, aquellas que alaban a los dueños de las grandes fábricas y nos enseñan a idiotizarnos frente al poderoso. En este mundo en donde las palabras son mercancía con valor de uso y abuso, los operarios incondicionales las amasan inocuas con el jugo verdoso de salarios sospechosos. Son palabras arrastradas; son palabras testaferras; son palabras marionetas; almidonadas y efímeras para intentar sostener con babas, una realidad que sobrevive precisamente por el abusivo uso de los que las monopolizan. ¡Caramba! Formidable arma e indispensable instrumento estos adminículos del cerebro humano que llamamos palabras.

Pero no se asusten ustedes; ya sean patrones o serviles de la apariencia de oropel; nos referimos al mundo del desencanto y del desencuentro, del pesimismo, del éxito mánido y pobre. No, no se asusten. Nuestro ultimátum no es para ustedes, es para nosotros mismos. Lo necesitamos para salir de este aletargamiento para volar solidarios hacia la utopía de los jóvenes del mundo.

Que no nos vengan con cuentos, por que no aceptamos medias tintas. Los que nacieron para sobrevivir, que se atragnten con Coca Cola y coman papas fritas hasta hartarse; los que nacieron para crear, que deambulen fuera del paraíso editorial desterrados por el dios implacable del marketing. El destino del auténtico creador es bajar al cielo o subir al infierno en que vivimos, para emerger con las alas libres y palabras como flechas.

Se sabe que este mundo no cambiará por obra y gracia de nosotros los creadores, pero estamos en un nuevo milenio y quién sabe…

¡Desenvainemos todas las plumas, que viva el uso de la palabra emancipación! ¡Viva la palabra libertaria contra el locro cesante! ¡Viva la poesía al servicio de la utopía!

Escrito y firmado aquí en Kitu, donde el Sol hace malabares y la luna es una clepsidra.

NOTICIAS DE LO AUTORES

• John Herrera, Quito 1969. Es cuasi economista, poeta y loco. Se interesa por las literaturas de vanguardia.
• Dalia Del Pozo, Guaranda Siglo XX. Es periodista con Postgrado en Ciencias Ocultas. Ofrece sus servicios para descubrir sus vidas pasadas.
• Fernando Cevallos, Quito 1945. Especialista en Comercio Exterior, galanterías y anécdotas de fino humor. Desarrolla una investigación sobre el pasillo en la literatura ecuatoriana.
• Martha Garcés, Quito siglo XX. Egresada en Leyes y Finanzas, Postgrado en Ciencias Internacionales y paranormales. Comparte los números con la poesía a la que llama númeropoesía.
• Priscila Montero, Guaranda 1974. Ingeniebria en Informática, se embriaga con sus propios sueños. Prepara su primer libro sobre literatura de ficción.
• Sofía Vega, Ibarra 1980. Sensible Comunicadora Social, de notable capacidad organizativa para una farra y buena para un cacho. Desarrolla programas radiofónicos sobre Literatura.
• Martha Alquinga, Quito Siglo de las Luces. Es Pedagoga y colecciona varios postgrados sobre el tema. De talante tranquilo pero muy apasionada. Se interesa en Filosofía para Niños.
• Blanca Palacios, Ambato, mediados del siglo XX. Su pasión por el Eros no es menos que por el amor…en la poesía ecuatoriana del siglo XX.
• María José Ríos, Quito 1981. Multifacética, todóloga, profunda y radical. Entre técnica ingeniera y mil cosas más. Abarca todo pero también aprieta mucho.
• Francisco Galvez, Loja 1981. Músico, cantante, pintor de brocha gorda y arqueólogo aficionado. Se interesa en la búsqueda de la piedra filosofal.
• Margarita Alvarez, Medellín 1964. Es la paisa invitada del grupo. Estudia Ciencias Ancestrales para devenir Doctora Corazón.
• Eráclito Monrroy, Santa Ana (Manabí) inicios del Siglo XX, es el “benjamín” del grupo, por ahora redacta las memorias de sus primeros 75 años. Es el fundador del partido AIRE, con registro en el TSE. Los que quieran ganarle a Lucio, contactarlo.
• Julio Enríquez, Guayaquil 1962. Comunicador Social y sensual, de pensamiento naif y temperamento salsero. Cree que el mundo no acabará en manos de Bill Gates, antes el Che cabalgará de nuevo…tronando a su windows, a su mother y a su Tío Sam.
• Oswaldo Mantilla, Tabacundo, 1957. Comunicador Social y cachista consumado, se ha especializado en guíar a los pobres pedestres por los intrincados laberintos de la Casa de la Cultura. Comunicarse con él caso de extravío…
• Diego Velasco. Arquidocto. Coordinador de los Talleres Literarios. Es el maestro Joda, al que todos reverencian por su sabiduría, aunque algunos piensan que es por su edad. No se sabe de que planeta provino lo cierto es que prepara un doctorado en cultura ancestral.
• Pablo Yépez. De profesión bohemio. Adicto a la poesía, la brinda, la despilfarra en cualquier acera, así como su amistad. Es un pesimista revolucionario ¿o revolucionario pesimista? Pero su integridad y dignidad es a toda prueba. Esperemos que su estreno de funcionario público no le obnubile para que siga ejerciendo de funcionario púbico.

Filosofía para Niños

La Filosofía para Niños, FpN, es una propuesta educativa vigente en el ámbito internacional por aproximadamente cuarenta años. Su creador es Mathew Lipman, profesor universitario norteamericano, que frente al fracaso sistemático de sus estudiantes en el ejercicio del pensamiento lógico y el manejo de herramientas intelectuales básicas, consideró necesario apoyar el buen pensar, Y escogió al diálogo como instrumento para lograrlo.

El diálogo en la comunidad tiene el carácter de democrático, a través de la palabra dada o recibida, se reconoce la existencia del otro, su derecho a preguntar y las relaciones interpersonales establecidas como también se potencian actitudes de respeto, cuidado, integridad y de crecimiento cognitivo.

En una tarde de té
Era una taza de porcelana, pequeña y redonda. Tenía su asa derecha. Jugaba a llevar agua, té o azúcar. Paseaba entre muchas manos, en la cocina, en el lavadero, entre la vajilla iba y venía. Solía charlar largamente con el jabón de cocina y las servilletas. Hervía con el chocolate caliente, perfumada con canela. La pequeña sabía que se la veía brillante en su lugar de la cocina, o en la mano de alguna señora. Eso la hacía muy feliz.

Un día de esos ajetreados, en el ir y venir, se resbaló de una mano, caía y mientras pensaba horrorizada en su contacto con el suelo, cerró los ojos para no mirar, para no saber. Pronto supo que ya todo era distinto, al revisarse para saber que había ocurrido, vio que no tenía asa. Lo pensó y se dijo a sí misma ¿sigo siendo una taza?

En adelante, ya no fue la más paseada de la casa. Ahora tenía más tiempo para volar su imaginación con la mirada pegada a la pared rosa de la cocina, permanecía silenciosa, pensando, jugando fantasías. Se había pasado a vivir en un rincón del estante. Ahora era la gran amiga de una pequeña araña que también habitaba ese rincón.

Martha Alquinga

CUANDO TE PRESIENTO

Vengo de ti, de tus cálidos abismos, no reconocerlo es cosa de necios e ignorantes obispos. Soy apenas una partícula que se maravilla de tu vastedad y perfección. ¿Cómo una partícula se maravilla?

He recorrido tus tortuosos caminos, pero quedan por explorar los más insondables todavía. Me he detenido de vez en cuando en tus transitorios aposentos y siempre tú, dándome el aliento vital del que me nutro, como el regurgitar de un ave que alimenta amorosamente a sus polluelos.

Camino en medio de una multitud zigzagueante y extraviada. Junto a otros, me empeño en no perder el estrecho chaquiñán que nos llevará al final del arco iris. Veo nuevamente esa multitud y distingo a algunos rengueando solitarios, codiciosos e iracundos; esqueléticos y encorvados; manos demasiado largas; rostros sombríos propicios para la traición, la vileza se arrincona en sus ojeras y de esos vacíos cuencos se disparan chispas perversas de avaricia. Son los dueños de las humeantes chimeneas y de las actas de patentes que les dan la propiedad sobre la vida...

Aquellos seres encorvados actúan como guías extraviados y colocan innumerables obstáculos; sin embargo cuando el tropel de carcajadas los supera, ordenan a sus sicarios silenciar la alegría. Pero es inútil. Esas zancadas que retumban sonoras, allá en la bóveda de la historia como redoblantes con pingullos, como guitarras y acordeones -esas zancadas- son más poderosas que cualquier criminal, tirano o genocida. La certeza de llegar alienta a millones. Es la esperanza. Solo la esperanza, lo que mueve sus corazones erguidos y perseverantes.

Pero cuando te presiento, sólo la soledad nos comunica y no se como describir las sensaciones y el vértigo, cuando situado quizá en tu ombligo o en la puntita de tu dedo gordo, contemplo tus ojos-estrella y me veo diminuto como un quark, al que le brota la alegría a rafagadas.

Nuevamente los encorvados te clavan cuchillos y te deshilachan la piel, pero no es tiempo de detenerse, porque veo allá adelante, que la puerta de la casa está abierta. Allí nos repondremos y mi soledad junto a la tuya me revelará totalmente tu carita, querida naturaleza.

Julio C. Enríquez Cevllos

EL TELEFUNKEN

En el pueblo era un verdadero festejo cuando Papá Lucho llegó cargando del moderno aparato musical adquirido con el fin de escuchar y hacer bailar a toda su clientela, que domingo a domingo, se apostaba el filo del corredor de la casa.

Su mujer y sus hijos haciendo calle de honor miraban boquiabiertos aquel equipaje cubierto con una sábana blanca que bajaba de la parrilla del bus “San Luís”.

En medio del cuarto, que a la vez era tienda de abarrotes, puso el tocadiscos color rojo intenso deslumbrando a los presentes que en ese instante hacían algunas compras del diario.

Era una suerte de caja ronce, toda cubierta de madera, inclusive las tres perillas que servían de volumen, los bajos y el encendido. El sonido perfecto y la luminosidad que esparcía el contorno daban un ambiente de discoteca.

¡Que volumen!, así de ganas da ganas de pegarse un taco, decía Papá Lucho, mientras Alfredo seleccionaba los discos de 45 RPM, comprados en la capital, para insertarlos en el tocadiscos. Uno a uno iban bajando los 10 y hasta 15 discos puestos en esa noche, tonadas, sanjuanitos y los inolvidables yaravíes, que arrancaban lágrimas y nostalgias.

Los fines de semana, en la vieja casa arrinconada a un costado de la plazuela, de los peloteros y la feria dominical, se transformaban en días festivos. Los torteros, braceros y la cocina de leña comenzaban a prepararse para la venta de las comidas típicas, los caldos de patas, los tamales y el infaltable hornado asado la víspera en el horno de leña.

Los encuentros de los peloteros y el bullicio de la guambriada apostados alrededor de la cancha, se desbordaban de coloridos y algazara. La familia de Papá Lucho madrugaba y tener todo listo para la venta que era el único sustento económico.

Segundo, se encargaba de la venta de los helados, claro está con la condición de obtener una comisión; el hermano mayor ponía la música solicitada con insistencia mientras se servían la chicha. Tres tonada un sucre, pagaban por cada pedido que se extendía hasta la media noche. En ocasiones cuando amanecía con el hígado virado, terminaba abruptamente, sacando a empellones a los borrachos asegurándose de que hubieran cancelado lo consumido,

Papá Lucho ponderaba su tocadiscos aludiendo el gran volumen de los parlantes que se dejaban oír en los pueblos vecinos y por ese motivo la clientela y también por los emborrazados de patas de cerdo, tan apetecidos por el zapatero de la localidad.

Entre semana, la familia de Papá Lucho se concentraba a las tareas diarias, se veían alegres tarareando algunas de las canciones en su nuevo tocadiscos marca Telefunken. El último de los hijos se apostaba en la silla ubicada junto al aparato para, sin pestañear, seguir con su mirada aquella aguja que surcaba el disco y luego de una pausa esperar la caída de otro y otro, y otro más, para repetir la secuencia.

Oswaldo Mantilla

RAFAEL LARREA SU VIDA Y SU OBRA

Asumir la vida como compromiso, crear los mecanismos necesarios para modificar la realidad, correr el riesgo detrás de una propuesta política, desarrollar tesis acerca del papel del artista en una sociedad anémica y cumplir con su empecinada pasión por la vida eso hizo, Rafael Larrea con sus 53 años.

Nació en Quito en 1942, fallece en 1995. Profesor de Idiomas, Periodista profesional, estudió en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Central del Ecuador. Poeta, periodista, catedrático.

Publica sus trabajos de poesía en varias revistas y periódicos del Ecuador, Perú, Chile, Argentina y Bolivia. Integrante del grupo Tzántzico, su poesía aparece en la Revista Pucuna, Bufanda del Sol y la Revista del Centro de Arte Nacional.

Trabajador Cultural, pertenec al Grupo Cultural Noviembre 15; fue Director del Centro de Arte Nacional. Efectúo varias giras culturales por América y Europa.

Su poesía brota de la iracundia popular, quiere ser un receptor de las angustias sociales, protesta con su voz de inconformidad, desarrolló una propuesta y la potenció, cantor de los sueños y la ternura.

Obra Poética Publicada: Levanta polvos (poesía)1969, Nuestra es la vida (poesía 1979), Campanas de Bronce, Quito 1983; Bajo el sombrero del poeta, Quito 1988, Nosotros, la luna, los caballos, Quito 1995; La Casa de los Siete Patios (poesía), edición póstuma 1996.

Consta en las antologías: Lírica ecuatoriana contemporánea (Bogotá 1979), Palabras y Contrastes: Antología de la nueva poesía ecuatoriana (Cuenca 1984); Poesía viva del Ecuador (Quito 1990) y La palabra perdurable (Quito 1991).

En Levanta –polvos, su primer poemario (1969); una obra fundamental para entender la poética tzántzica; allí Rafael dispara lanzas, dardos, verbos y flechas, a la cabeza del buen burgués y hace arribar a María Campanario al café 77, a algún rinconcito bohemio de la plaza de Santo Domingo; a esas picanterías y rockolas ya perdidas entre la cal de la renovación urbana, donde un día el poeta convocó a salir de su ataúd a la “vida perra, vida de presidente, embajadora vida millonaria” , y propuso morir “al dizqueinventor de esta vida” y salió a recitar su levanta polvos montado en una escalera, bajo una luna iconoclasta y parricida, oficiando de cómplice y encantador de una tribu utópica, a la que muchos quisieron, luego subirse al vuelo..

Siempre fiel a la propuesta tzántzica original, su poesía como su vida, ligadas a la acción política, a la transformación posible, a una concepción ético- estética del hombre solidario, simbolizan la poética del optimismo, del avance, del siempre MAS, frente a aquella literatura que el “desencanto” y “el desencuenro” pudo extraviar en otros; imaginar y construir un mundo más poético, tal fue la bella tarea en la que “el poeta” perseveró hasta el final.

Sofía Vergara Ruiz

SENDEROS RELATIVOS

Buenas noches, mi hija tuvo un accidente y fue traída a esta casa de salud.
-Permítala, ¿el nombre de la señorita?
-Mi hija se llama María Rosalva Palacios Flores.
-Si señor, lamento informarle que un bus arrastro el auto de su hija, ella esta en terapia intensiva, este momento se debate entre la vida y la muerte, necesitamos esta lista de medicamentos.
-Señor por favor no se vaya a desmayar.
-Señorita déme la lista.
-¿Cuándo la puedo trasladar?
-No lo sé, espera hasta mañana para que hable con el médico tratante, y no es necesario que se quede, nada puede hacer, solo se necesitan los medicamentos que ya le indique, mañana llega a primera hora.

Hola, hola, que lugar más extraño, me habré muerto, ¿estaré en el cielo? Oigo unas canciones, pero no son voces celestiales o al menos eso no parecen.
-Hola me llamo Nina y tú
-Rosalva, ¿Dónde estamos?
-No lo sé, pero de aquí no quiero regresar
-En esos estamos de acuerdo, o al menos eso creo, tu cara me parece familiar, creo que te he visto antes, pero no sé de dónde.

-No lo recomiendo, en el estado en el que se encuentra la paciente puede ser mortal
-¿Qué puedo hacer?
-No podía creer lo que me habían dicho en la policía, mi hija era la culpable del accidente, por imprudencia se paso la luz del semáforo, y tenía suerte si el dueño del bus no levantaba cargos.

-Nina, ¿A dónde crees qué nos lleve esa luz?
-No lo sé, pero creo que debemos ir hacia ella
-Nina, me desvanezco
-Fue un placer conocerte
-Cuando quieras, vienes a visitarme
-Busca mi nombre en el Internet… Ya se donde te he visto antes… ¡te pareces a mi!
-Rosalva, ¿que es el Internet?

-Rosalva cómo estas
-Tuve un sueño extraño, conversaba con…
-Nina, ¿estas en mí?
-¿Quien es Nina, alguna amiga tuya?
-No lo se papá, creo que me la crucé en el camino de mi otra realidad

Priscila Montero Alarcón

Esos torpes forajidos

Los forajidos de la Libertad
se aferran a sus barrotes

Los forajidos de la Solidaridad
abrazan solitarios sus chequeras

Los forajidos de la ternura
tienen su corazón bajo cero

Los forajidos de la Luna
no soportan a los poematizadores

Los forajidos del pensamiento
te mezquinan la palabra

Los forajidos de ellos mismos
no encuentran ni su sombra

Abajo, barrio abajo
están repartiendo abrazos.
Los cuerpos se reconocen
con nostalgia
y las mariposas
Arco iris
Azules
Amarillas
y Rojas
se visten para
una fiesta
como presintiendo
un gran acontecimiento

Forajido: Palabra que acentúa el gesto
de señalarcon el dedo medio a los que
huyen consuetudinariamente.

Julio C. Enríquez Cevallos

Exágono

TE BUSCO
Te busco
En el punto de encuentro
De una oleada ovni
En la memoria incierta
De enigmáticos viajeros.

SONÁMBULOS DE LA NOCHE
Diamantes-probeta
Sonámbulos de la noche,
Bailan una danza milenaria,
Estropeando tulipanes.

MI VIDA
La noche pasa indolente
Mi vida como un vértigo.

MUJER
Silueta que proyecta la luna
Sobre arenas
Saturadas de luz.

SOMBRA
Compañera auténtica,
Trancitas con migo
El devenir.

VIDA
Trémula hija de ante,
Te reencuentro
Acercándome cada vez más
Hacia la muerte.

Marta Garcés

COMO ERA

Sigo siendo yo, no he cambiado.
Así era yo. De grande que de pequeño.
No puedo ser otro,
¿Por qué dudarlo? ¿Acaso he cambiado?
No puede ser. Soy el mismo de siempre.

Y si acaso parezco otro,
Es solo apreciación subjetiva. Que no es verdad.
Porque yo soy el mismo. Me siento igual.
No he dejado de ser. Me siento igual.

Así de día que de noche. En el campo, que en la ciudad.
En cualquier parte, soy el mismo.
No soy otro. Ayer que hoy, mañana que siempre.

En el campo o en la ciudad. De día o de noche.
De grande o de pequeño. En cualquier parte vivo igual.
Adoro el campo y quisiera vivir allí.
Como lo hacen las aves, las plantas,
Los animales de la selva.

Como la tierra, o como el sol.
Como el aire, sin interrupciones,
Para ver las plantas, admirar el búho,
Distinguir su canto, su plumaje, su pico encorvado.

Exhalar su aroma, el bosque, la pradera, la naturaleza.
Porque cada arbusto tiene su sabor
Que el otorga la tierra el campo fresco,
Donde se escoge la fruta por su color,
Donde se toma el agua de la vertiente
Y se utiliza la caña brava.

Claro, la ciudad es grandiosa.
Pero ante el campo no tiene comparación.

Las aguas de tu cauce están contaminadas,
Eres depósito de aguas negras,
Que los vecinos por necesidad descargan,
Ante la ineficiencia del alcantarillado.

Ojala que los inviernos vengan
Trayendo nuevamente sus aguas cristalinas,
Para limpiar la basura de tu cause,
Y formen como otrora remolinos.

Deben ser aguas confortantes,
Capaces de que arrastren palizadas,
Rieguen las vegas y la tierra,
Produciendo verduras y frutas del pasado.


Heráclito Monroy B.

EN DONDE ESTABAS

Fuimos a la discoteca
para romper el hueco de la nada.
Al entrar, yo era el negro espacio de la noche
y sentí que el rocío de la luna me acariciaba.

Bailamos como una sola carne
y aprecié cómo me crecían las alas
para conquistar una ilógica virginal.

La danza era fresca
balanceabas tu sensualidad frente al espejo
y entre las sombras
fuimos un pacto etéreo
de mentira y verdad.

Fernando Cevallos

Triptico

MI RETRATO

Las arrugas en corpúsculos invisibles,
Surgen desde las profundidades del alma;
Atraviesan tejidos e invaden zonas,
Que fueron impenetrables.

Comisuras labiales raídas,
Párpados sin soporte,
Piel marchita que ha transmutado
Lo expresivo en estrepitosa carrera.

Bisturí y maquillaje farsantes
No retardan el avance
Acelerado del tiempo.

EL LIENZO

Entre hilar ideas
Y descifrar frases
Brotó el lienzo

Matizando versos
Y puntadas
Surgió Cristo.

YO

Huyo a la verdad del espejo,
Y me refugio en el olvido.

Dalia Del Poso Jarrín

Confesiones

Mi amor libre es tan suelto, tan lleno de sí. Tan valiente. Tan lleno de vida. Tan enriquecedor que lo inunda todo. De repente un día decidí volar contigo, sin preguntas, sin respuestas. Solo decidimos amarnos.

Recuerdo tanto tus ojos brillantes, tu sonrisa perfecta y tu conversación. Mi atención dispuesta, mi alegría de saber que estando juntos, el mundo parece en verdad mítico.
Pero me vuelve ese sentimiento de una extraña soledad, porque a pesar de saberte aquí en mí, a pesar de saber que harías mucho por mí, aun no creo que seas real.

Quisiera que ahora miraras como te estoy pensando. Que sepas que con tus palabras, tus caricias, tu cuerpo, tu boca, tus brazos, tu deliciosa oreja y tu pecho. Sepas que te deseo tan intensamente, que mis ganas se expresan así…

María José Ríos

Mujer de barro

I
El pincel se estremeció al desnudar la piel, con trazos, con colores, con figuras del otoño, del sol, de lo dulce y de lo amargo.
Cuando se confundieron las estaciones, la vida tomó nueva vida.
El pasado quedó enmudecido.
La imagen quiere gritar en mi piel, el color se impregna y allí está el rostro tierno de los niños.
Fulgurantes quejidos de la risa y del olvido.

II
Me aproximo a los colores y me detengo con la suavidad de una música lejana. Miro, vuelvo a mirar la prisa de la gente, no se detienen ¿Acaso no les importa el sonido estremecedor de unas manos clamando justicia? Pero los demás pasan aprisa y los ignoran.
Como mis pensamientos cambiantes, se encienden y se apagan las luces.
Unas gradas me conducen al desteñido pasar de los años.
¿Cuánto misterio encierras mujer de barro?

Blanca Palacios

CRISÁLIDA

El miedo le había ganado la partida. Era demasiado tarde para enderezar las cosas y ya no quedaba nada por hacer. Todo empezó aquella mañana en que la increpo a viva voz. Bloqueada, no podía pronunciar una defensa, quizás porque no escuchaba los reproches. Pero veía el rostro amado transfigurarse por la ira; los ojos a punto de salir de sus cuencas; toda la sangre del cuerpo agolpada en el rostro afable de otros días; manoteaba y alzaba los brazos con los que la había amado la noche anterior; llegó a pensar que le asestaría un golpe y lo habría logrado con facilidad pues estaba petrificada, mientras él andaba de un lado a otro. Lo único que mantuvo su memoria fue su vergüenza al percatarse de las miradas curiosas.

El porque de aquellos reproches… no tenía importancia.

¿Tenía la razón para ello?… él siempre tiene la razón, confesó para sí.

Desde entonces aquellas explosiones de ira, que se manifestaban por las más insignificantes situaciones se hicieron cotidianas. Ella, solo callaba inclinando la cabeza enardeciéndolo aún más, él se aprovechaba de esta sumisión para envilecerla. Después de aquellas “discusiones” el monstruo se transmutaba en el más amoroso de los hombres. A tal punto que su virilidad se desbordaba. Temerosa y confundida de aquellos cambios abruptos se dejaba llevar de la mano por el gran amor que le tenía y sin darse cuenta estaba nuevamente a su merced. Pronto la convenció de su incapacidad para hacer algo bien hecho, y en la intimidad la despreció.

Cierta mañana, escuchó en un programa sobre el maltrato a la mujer. También escuchó que el denigrar al ser humano es otra forma de maltrato. Ella se sentía así, menospreciada, insegura, apocada. No, no podía ser. No le podía estar pasando a ella. Entonces… ¿Por qué se sentía apaleada después de sus reclamos? ¿Por qué sentía sangrar su alma ante sus miradas de desprecio? ¿Por qué experimentaba un desdén por la vida que laceraba cada vez más su estima?

No, ya no más. Decidió tomar nuevamente las riendas de su vida. Para ese entonces ya no quedaba nada de su gran amor. En su reemplazo: rencor y desilusión. Le tomo mucho tiempo, esfuerzo y energía enfrentarse a su enemigo. Con la seguridad de que su vida dependía de ello, lo encaró. Lo escuchó decir cuánto la amaba y lo mucho que la necesitaba pero afortunadamente para ella, no pudo decir lo mismo. Dio media vuelta, maleta en mano cerró la puerta y hechó a volar sin miedo y sin temor.

Margrita Alvarez Díaz