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martes, 5 de octubre de 2010

Rafael Correa el gran capitán del socialismo pequeñoburgués

 Dado los últimos acontecimientos es necesario actualizar el debate de la caracterización del régimen de gobierno de Rafael Correa para comprender hacia donde avanza el ejercicio del poder de lo que se ha autodenominado la “revolución ciudadana”. Una falsa “revolución” que se rotula “izquierdista” y que mantiene soñando en el limbo a muchos que confiaron en la posibilidad de que Correa se decantara por un proyecto político de cambio a favor de los pueblos y entierre las huellas del paso del neoliberalismo en toda la sociedad ecuatoriana. Pero en realidad se circunscribe a un proceso de reinstitucionalización del Estado capitalista en crisis, relanzándolo para alcanzar otro nivel de recomposición, contribuyendo al objetivo burgues-imperial, luego de más de 30 años de desastrosos gobiernos neoliberales. He aquí algunos de los hechos más relevantes de su evolución conservadora:


Primero. La proyección en elecciones de una imagen de “outsiders” contra “partidocracia”, que en realidad fue la emergencia de la pequeña burguesía en confrontación con la gran burguesía, con un programa de gobierno nacionalista y patriótico por el que muchos votaron, pero al final está mostrando sus límites, que no son otros, que la reingeniería jurídico-político-administrativo del aparato estatal burgués.

Segundo. Aprovechar el desmoronamiento económico-social-político e institucional del capitalismo neoliberal para convocar a una Asamblea Constituyente como primer paso de una neo reinstitucionalización jurídico-política, aprobando una nueva Constitución y Leyes Orgánicas que la complementen (estamos justo en medio de este momento y es la razón de tanto reclamo).

Tercero. Encontrar un camino de desarrollo económico acorde con ese nuevo orden institucionalista, derivado de una estrategia global de recuperación del capitalismo con fisonomía de avanzada; todo esto acompañado de un fuerte gasto social en forma de subsidios especialmente a los más pobres, que, por un lado, desarrolle base social de apoyo al régimen que se materialice en organización y militancia y por otro que neutralice y desmovilice toda capacidad crítica y de movilización en contra de las Leyes Orgánicas, que afectan a numerosos sectores sociales como; indígenas, universidad ecuatoriana, magisterio, estudiantes universitarios, comunicadores sociales (los grandes medios se oponen en función de sus estrechos intereses), servidores públicos, policías y militares de tropa, pequeños mineros, entre otros. Que se han movilizado haciendo conocer al gobierno, razones de fondo para su inconformidad.

Cuarto. Una ofensiva ideológica patriotera con cierta retórica progresista y “logros” de la “revolución ciudadana” a través de una atosigante campaña propagándístico-publicitaria, en la que se ha gastado millones de dólares, beneficiando a ciertos medios propiedad de determinados grupos económicos o a personas cercanas a Rafael Correa.

Quinto. Generar un ambiente de sumisión y aceptación social al supuesto “socialismo” de Correa, mostrando a un gobierno aparentemente sólido, con fuerte respaldo de los legalmente armados y con apoyo internacional. Todo aquel que disienta o critique, se lo rechaza conminándolo a candidatizarse y ganar las elecciones en un claro alarde de soberbia y prepotencia, como en su tiempo lo hacía León Febrescordero. En realidad la lucha y resistencia popular en el Ecuador, en contra del conservadurismo de Correa, es señalada como simples actos de terrorismo y el gobierno ha llegado al extremo de encarcelar a gente en la calle solo por faltar el respeto “a la majestad del poder investido al Presidente”. El de Correa es el único gobierno de América Latina que mantiene en la cárcel a un preso político, en complicidad con el rector de la Universidad Central; se trata del joven dirigente estudiantil universitario de izquierda, Marcelo Rivera, acusado ilegalmente de “terrorismo”.










Clase media y tecnocracia pro capitalista
Rafael Correa cobra notoriedad política derivada de sus constantes charlas y conferencias en las que aparecía como un radical opositor de la dolarización y predecía que si no se encontraba una salida organizada a este modelo económico el desastre sería inevitable, en ese periplo se encontró con Alberto Acosta. Dado esto lo llamaron a colaborar como Ministro de Economía del gobierno interino de Alfredo Palacio. Sus bonos se elevaron.

Las elecciones del 2007 estaban cerca y fue llamado por un grupo de intelectuales clase media como él para representarlos. Hasta ese momento Rafael Correa no era mas que un profesor de una universidad privada de la elite quiteña y un ex ministro eficiente.

Este grupo de intelectuales identificó el momento político de ese entonces como el más propicio, para desde su óptica realizar cambios –a la europea–, sin romper con el sistema capitalista. Con un jugoso presupuesto en la campaña electoral, y con cierta dosis de desparpajo y creatividad, confrontaron directamente con los candidatos de la continuidad neoliberal, la “partidocracia” así ganaron las elecciones. Correa pasó de ser un profesor con cierta pedagogía a un presidente inmoderado, confrontador, terco y sobredimensionado de si mismo, lo que le ha valido el distanciamiento de muchos que estuvieron inicialmente a su lado, como Alberto Acosta, Fander Falconí, Gustavo Larrea y muchos sectores sociales que creyeron en su propuesta; movimiento indígena, magisterio, estudiantes secundarios y universitarios, sectores populares y el PCMLE, todos ellos llamaron a votar por Correa y por su propuesta que –en ese entonces–, interpretaba el anhelo de cambio del pueblo ecuatoriano.

Logrado su ascenso al poder, Correa devino en un hombre de difícil acceso, autárquico y soberbiamente autosuficiente en lo político, con un “estilo” de grosero desprecio al criterio ajeno, aún proviniendo de quienes le apoyaban, nunca buscó el diálogo con las razones de los sectores sociales que disentían con su criterio de gobierno. Privilegió el contacto con las elites y los empresarios. Muchos de los puntos que prometió se quedaron en el camino, como el desmantelamiento del neoliberalismo en materia de derechos y remuneraciones a los trabajadores y más bien de manera discreta se fue alejando de los sectores sindicales; igual cosa pasó con los indígenas y también en un proceso se fue distanciando de las personalidades y grupos políticos organizados que lo apoyaron; el Correa clerical, conservador y neoinstitucionalista apareció de manera franca.

Correa acuñó las ideas de la “meritocracia” y el “eficientismo” al tiempo que arrebataba toda la fraseología y reivindicaciones de la izquierda para situarse como el dirigente máximo de la “tendencia de cambio”. Todas las dimensiones de la administración del Estado capitalista de “nuevo tipo” que él estaba inspirando fueron llevados adelante con estas premisas, tanto impactó sus pretendidas políticas de corte patriótico, nacionalistas y sociales que cosechó “correistas” en los más insospechados rincones. Hasta ese momento había mucha expectativa social, todo se le toleraba, en espera de rectificaciones.

No hubo un análisis de clase, para comprender la dirección, alcances y límites de la gestión del gobierno de Correa y diseñar políticas pertinentes de cara a demostrar ante las masas que de este como de otros gobiernos burgueses no había mucho que esperar. El análisis generalista de la tendencia de cambio en la que supuestamente Correa capitaneaba, y de unos posibles escenarios de izquierdización o derechización, generó un todo opaco que ocultó la emergencia de una propuesta y subjetividad de la clase social a la que pertenece Correa y la tecnocracia que lo acompaña, clase, liderada eso sí, de manera indiscutible por Correa.

Viene al caso la siguiente cita: “Los estamentos medios –el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino–, todos ellos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales estamentos medios. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Mas todavía, son reaccionarios, ya que pretenden volver atrás la rueda de la Historia”. (Manifiesto del P. Comunista: O. Esc., en tres tomos, pag. 120)

En los hechos Correa asume la continuidad de la revolución liberal alfarista, pero en las condiciones particulares de la era posneoliberal, no de manera gratuita, la figura y pensamiento de Eloy Alfaro y Montecristi, forman parte del imaginario de la “revolución ciudadana”; esto corresponde de manera coherente a una clase social –la pequeña burguesía–, que emergió silenciosamente a la realidad política del Ecuador en medio de las jornadas de derrocamientos de los tres presidentes. Asqueada de la corrupción neoliberal y sin que ella le beneficiara, proclamaba en la Av. De los Shyris y en horario fuera de oficina “que se vayan todos”, esta consigna lidera y recoge el anhelo pequeño burgués del reflotamiento de la patria capitalista y Correa responde coherentemente con ese ahelo, desde el neoinstitucionalismo oficial. Pero está demostrado que el presidente y la tecnocracia que lo acompaña, de izquierda, no saben otra cosa que balbucear y muy mal la canción del Che. 











Sí, Correa en realidad capitanea y es lider indiscutible de la pequeño burguesía y de la tecnocracia en el poder del Estado. Este ex profesor ha sido muy hábil al reclutar a una tecnocracia pro capitalista, que no tenía otro futuro que emigrar; la juventud MSc., y los cuadros PhD que forman el gobierno es garantía de éxito de la reingeniería institucional del capitalismo en el Ecuador. Hasta allí llega el discurso progresista de Correa. De allí en adelante la clase social que lidera Correa (tan característico en ella) se vuelve en contra y combatirá contra quienes lideran verdaderamente el cambio radical; la izquierda, el movimiento indígena y los sectores populares organizados se vuelven blanco de sus ataques. También los remanentes antiguos y rancios de la derecha tienen un ultimátum, o se alinean mediante acuerdos o alianzas o son excluidos de los principales nichos de acumulación de capital, Correa ha logrado someterlos, ellos a la final no pierden, al contario saldrán ganando; tendrán un capitalismo funcional a un nuevo nivel de acumulación. Correa se alza entonces como el gran emperador del centro político, su lucha es contra la extrema izquierda (calificados de garroteros y violentistas) y los “pelucones” de la “partidocracia”, una posición edulcorada por una fraseología populachera de “amor infinito por la patria”, que en verdad hace más fácil ocultar el objetivo de favorecer a las fortunas y nuevos ricos que lo acompañan. En el capitalismo, –en ningún lugar del mundo–, ningún gobierno sobrevive si no cuenta con el respaldo de los poderosos.
 
Nuevos vientos soplan en América Latina, sin duda, pero son los vientos característicos de la restitución pequeño burguesa, en las condiciones actuales del capitalismo en crisis, a esta propuesta llamada “revolucionaria” y “ciudadana” también la llaman pomposa como perniciosamente “socialismo del siglo xxi”, cosa que el imperialismo tolera y alienta con todo entusiasmo, golpeando de paso, con una copiosa propaganda, la propuesta y avance del socialismo y la revolución.













¿Correa se derechiza?
No, Correa no se derechizó, no es que venga de posiciones de izquierda y haya involucionado, siempre ocupó ese espacio político derechista, su formación económica procapitalista, matizada por su ideología clerical, hacen que primero no entienda y luego repudie profundamente al socialismo que niega y entierra al capitalismo. Tan solo utilizó un discurso patriotero acorde con su campaña anti “partidocracia”; canceló el entreguismo proimperialista irritante de la derecha más recalcitrante para ganarse la simpatía del electorado de izquierda y ahora sin ningún rubor lleva adelante la política del yunque y martillo, involucrando peligrosamente al Ecuador en el conflicto interno colombiano; llevó más lejos una política burguesa de subsidios y ahora diseña leyes orgánicas, complementarias a la Constitución, para entregarle a los grupos económicos que emergen con este gobierno, la posibilidad de inaugurar un nuevo momento en el proceso de acumulación y concentración del capital y por otro lado ordenar el proceso administrativo del aparato estatal burgués para eficientarlo de cara al objetivo anterior

“La condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la acumulación de la riqueza en manos particulares, la formación y el acrecentamiento del capital”. (Op. cit)

Correa está manchado de sangre
Los hechos de este 30 de septiembre de 2010 es síntoma de que muchos sectores sociales –afectados por las leyes de corte funcional capitalista y de claro tinte anti popular que Correa hará aprobar en la Asamblea Nacional–, están dispuestos al combate. Aún cuando de manera a priori, se pueda sospechar que cierta facción burguesa con el respaldo de la CIA estaría detrás de intentos golpistas. En efecto, este 30 de septiembre, cierto grupo de policías, se insubordinaron reclamando por beneficios, que este gobierno mediante la nueva Ley de Servicio Público, les conculcaba. Correa llegó al sitio en donde los policías reclamaban, se expuso a vejámenes y en medio de ese clima de exaltación finalmente lo retuvieron por algo más de 10 horas, sintiéndose acorralado, pero con una visión de enfrentamiento y antagonismo redículos –tan característico en él–, llamó a que lo maten, para mas tarde en la noche, aprobar  el desbordado como trágico operativo de rescate cuyo desenlace todo el mundo conoce.

Sin embargo durante estos días Rafael Correa ha salido en espacios de medios públicos (ahora abiertamente gubernamenales) la cadena de los sábados y muchas entrevistas, para hacer creer a todos los ecuatorianos, que no fue su torpe decisión de ir a la boca del lobo lo que precipitó los macabros incidentes, si no un plan secreto de golpe de Estado y criminales intenciones de asesinarlo. Si el golpe hubiera estado planeado, allí en el hospital policial, los supuestos golpistas lo hubieran rápidamente llevado a otro sitio y exigido desde allí el poder, a cambio de su vida. Y así mismo hubieran procedido, con suma facilidad, si de asesinarlo se hubiera tratado. Nada de eso pasó, en cambio Correa actuó de manera torpe y precipitada, al dar la orden de que lo rescaten y tal parece con la consigna de hacerlo cueste lo que cueste. Correa está conciente de que no eran si no, 180 policías, pudo esperar –previendo lo peor–, hasta la madrugada y contar a favor con el elemento sorpresa, en fin, tantas otras salidas a esa crisis, inclusive el diálogo; esta vez todo el mundo pudo conocer en vivo, la prepotencia de Correa que decía “de aquí me sacan como cadáver pero yo no voy a negociar nada”. Este es el torpe y temerario Rafael Correa que gobierna el Ecuador. 

Correa es el único responsable de los 10 muertos hasta ahora y los más de 193 heridos de la noche del rescate de la falsa “revolución ciudadana”; una “revolución” en donde la “ciudadanía” no participa, no decide, no critica, solo recibe ciertos migajas en forma de subsidios y de políticas sociales que son cosa corriente en EE.UU., y Europa, que se pretende en Ecuador hacerlos pasar como radicales muestras del “socialismo del siglo XXI” (en realidad socialismo pequeño burgués) Estos beneficios sociales se mantendrán mientras se mantengan los altos precios del petróleo y sirven actualmente para mantener cierta razonable gobernabilidad dentro del capitalismo de Correa, mientras los nuevos grupos económicos y los imperialismos se disputan a dentelladas nuestra riqueza.














La confrontación social se eleva, la unidad indígena-popular apremia
En el Ecuador estamos en medio de la aprobación de Leyes cruciales para el devenir del proyecto político de Rafael Correa y de la consolidación de su clase social en transición hacia la conquista de la cima de la pirámide de la dominación política.

El ascenso de la lucha y la confrontación social es inevitable. Las leyes de Correa van en la dirección de reflotar la podrida institucionalidad burguesa. Correa nunca capitaneó la corriente y el anhelo de cambio del pueblo ecuatoriano, es un hombre de confianza de la libre empresa. Dada su extracción de clase pequeño burguesa, su gobierno es tan solo expresión de los intereses estrechos de esa clase social ambivalente y conservadora.

El anhelo de cambio del pueblo ecuatoriano subsiste, pero todavía las masas ilusoriamente se identifican con Correa y su “capitalismo del siglo xxi”, como el verdadero cambio. Los pueblos –especialmente los indígenas–, deben aprender a identificar los cristales de colores en forma de dádivas, que son concesiones presupuestarias inmediatistas del gobierno, mientras sacrifican o represan su verdadera emancipación, deben ante todo trabajar tesonera y sinceramente por la unidad indígena-popular, ese es el camino para decidir una nueva forma de vivir en el Ecuador. 


En un proceso, poco a poco, los explotados y oprimidos del ecuador, no verán variar mucho sus condiciones de existencia en este gobierno; los subsidios y la gran maquinaria propagandístico-publicitaria oficial, solo son paliativos y meros espejismos para ocultar el gran plan jurídico-institucional de expoliación en marcha. Los pueblos y especialmente la juventud se levantarán nuevamente, en busca de su definitiva emancipación, que entierre para siempre este oprobioso sistema capitalista y ciertas mentiras enmascaradas como “revolucionarias”. (Por Julio C. Enríquez C.)

viernes, 20 de noviembre de 2009

EL PROYECTO DE LEY DE CULTURA, DEBE SER DEBATIDO

Por: Carlos Bacacela A.

UNAPE

Tomado del blog colibri-insurgente.blogspot.com


El proyecto de ley de Cultura despertó gran expectativa en gestores, colectivos y organizaciones artísticas, en torno a la posibilidad de tener un respaldo legal, que permita mejorar las condiciones en las que se viene realizando la gestión y el quehacer cultural. Pero también, su importancia radicaba en la articulación en base a los principios establecidos en la nueva Constitución, “Estado plurinacional y pluricultural”, por lo que el proyecto se perfilaba como una herramienta para hacer efectivos estos principios. Algunas de las propuestas de los distintos sectores del arte reunidos por el ministerio en los congresos, están sistematizadas en la ley, esto no quiere decir que la llamada socialización y debate haya sido satisfactoria, ya que muchas de estos planteamientos no fueron incluidos o se funcionalizaron de acuerdo al interés general del ministerio, pues sus técnicos venían desde un principio con agenda propia; además, la participación de otros sectores como las juntas parroquiales, los municipios, las instituciones educativas, los conservatorios, sectores organizados, nacionalidades y pueblos en la mayoría de los casos fue poca, o no la hubo.

Hay que tener claro el proceso político de cambios que nuestro país atraviesa, para entender el por qué y que fines busca, no solamente la elaboración de la ley de cultura, sino todo el conjunto de leyes que se discuten en la Asamblea Nacional, las cuales han desatado polémica. Dado el carácter de clase, pequeño burgués del gobierno, los contenidos del proyecto de ley son un reflejo de su limitado proyecto político reformista y desarrollista, el cual se encuentra reordenando el aparataje jurídico e institucional para plasmar sus objetivos. Este reacomodo de la superestructura del estado capitalista, también pasa por una resignificación de los contenidos y valores de la cultura, que busca moldear a los pueblos bajo los parámetros de la “ciudadanía”, negando su lugar dentro de las relaciones sociales de producción. Además, debemos tener presente que toda ley encierra los intereses de la clase social que detenta el poder.


Sobre la Memoria Social

Hay que tener en claro que si bien esta memoria se sustenta en los hechos ocurridos en el pasado lejano y reciente, este concepto encierra dos formas de memoria social:

La una vista desde la perspectiva oligárquica en la cual se ponen de manifiesto sus interés como explotadores, como impulsadores de seudo valores patrioteros cargados de xenofobia, racismo, la libertad de empresa, el éxito personal; élites sociales que se adjudican el único derecho de gestores de los procesos libertarios y creadores de la historia del país. Es decir, como los únicos capaces de construir y hacer la cultura. Esta, es la visión de la clase dominante. Además es real que aún prevalece la visión tecnocrática que busca “rescatar” las expresiones culturales de los pueblos bajo un criterio conservador, sin un entendimiento integral de las causas históricas, económicas, sociales y políticas; y del carácter de las relaciones interculturales que de estas se derivan. Por tal razón no se debe hablar de “memoria social” a secas, pues la sociedad ecuatoriana sigue siendo (aunque la revolución ciudadana lo niegue) una sociedad dividida en clases, por lo tanto, los trabajadores, las nacionalidades y los pueblos son dueños de una memoria diferente, trazada por procesos de lucha contra la explotación, la pobreza, el desempleo, el racismo, el neoliberalismo, la opresión nacional; memoria social que se manifiesta a través de sus expresiones culturales propias, cuyo objetivo como grupos sociales explotados, es el de tener una participación activa en la vida económica y política del país, en definitiva como verdaderos hacedores de la historia. Este concepto desarrollado en el proyecto de ley, hace alusión al carácter dinámico de la cultura y a su permanente revalorización y re significación por parte de los actores sociales, pero detrás de esto se esconde que los mencionados “actores sociales” (estos pueden ser tanto un gran empresario como un trabajador) tienen diferencias como agentes de la transformación política y cultural, pues dicho proceso puede ser orientado en beneficio de los pueblos, o por el contrario, remachar las cadenas de la opresión; por lo tanto la cultura , su revalorización y re significación, pasa por un proceso de contra posición de ideas a través de las diferentes prácticas culturales en el seno de la sociedad.


EL sistema nacional de Cultura

La creación de un Sistema Nacional de Cultura si bien contiene elementos positivos, como el de ordenar a la institucionalidad cultural del país, corre un claro riesgo de convertirse en aparato burocrático verticalista, de carácter clientelar y discriminatorio. Verticalista en el sentido de que las políticas culturales vendrán listas desde el ministerio, por tanto, los miembros del sistema tendrán que ser meros acatadores y reproductores de estas; clientelar ya que debido a las dificultades ,de carácter económico principalmente, que tienen los gestores culturales para desarrollar su trabajo, se obligarán forzosamente a formar parte del sistema y adaptarse a lo que los técnicos del ministerio crean “importante”, por tal razón se quedarían fuera aquellos proyectos que no estén en concordancia con su política.

Otro asunto son las contradicciones que existen en algunos artículos, ya que en el artículo 19 se habla de “afirmar la identidad plurinacional” , en cambio el artículo 53 numeral 1 señala que uno de los fines del sistema nacional de Cultura es el de “fortalecer la identidad nacional y las diversas identidades socioculturales”. Esta falta de coherencia en el establecimiento de las categorías nación, nacionalidades y pueblos, como parte de los articulados del proyecto de ley, hace notar que existe una visión unilateral sobre la concepción de la cultura en el país, pues prima el criterio de la única nación y se desconoce al nuevo estado plurinacional en varios acápites del proyecto de ley.


Las industrias, bienes y servicios culturales.

Toda industria se dedica a la producción en masa con el fin de satisfacer las demandas del mercado. Resultado de este proceso obtenemos lo que se conocen como bienes, de los cuales se derivan los servicios como un complemento de estos. La diferencia entre la industria común y las industrias culturales, está en que estas últimas son “portadoras de valores y contenidos de carácter simbólico que preceden y superan la dimensión estrictamente económica” (Carta Iberoamericana de la Cultura). Estos valores y contenidos de carácter simbólico no son otra cosa que las formas mediante la cuales se reproducen las ideas que influyen directamente en el criterio y conducta de las personas, y si bien están por encima de la dimensión económica, no están aisladas, si no que más bien son resultado de esta, pues mantienen una relación dinámica e interdependiente, la cual se refleja en el comportamiento en general de la sociedad. Por lo tanto si hablamos de una industrialización de la producción cultural dentro de la lógica de la competencia en el mercado capitalista, tendríamos también que suponer que de los productos que resulten de este proceso, entrarán a competir en desventaja frente a las trasnacionales de la cultura, que tienen secuestrada la conciencia de una importante franja de la población, teniendo como resultante que la producción del país tendrá que adaptarse a las exigencias de ese mercado para no desparecer, quedando en plano secundario la importancia de los contenidos.


Sobre el Arte Popular

Históricamente este concepto tiene 2 significados:

El primero, desde un punto de vista de la tesis antropológica burguesa que plantea que el arte popular es aquel practicado empíricamente por artistas provenientes del pueblo, que se limita a expresiones de carácter festivo, religioso, artesanal o musical, que si bien se han mantenido en el tiempo, corren el riesgo de desaparecer y, por tal razón, deben ser rescatados y preservados. Dentro de este marco teórico se analizan los objetos y no los sujetos, quedando fuera del estudio, los procesos históricos que los determinan.

El segundo tiene que ver con la relación que tiene el arte con los procesos de lucha, reivindicación y liberación de los pueblos, su propuesta estética condensa la necesidad de transformación social a lo largo de la historia. Es popular no porque sea una mera expresión costumbrista, sino porque entiende a los pueblos como sujetos protagonistas y hacedores de su futuro; y actúa junto a ellos en busca de una nueva sociedad.

El proyecto de ley aborda solamente el primer concepto, con una clara orientación dirigida a establecer una visión neo folklorista del arte popular y de las expresiones de la cultura popular.


Algunas Conclusiones.

El debate en torno al proyecto de ley se centra en el tipo de país que queremos. Entendemos que la cultura es un escenario en el cual se puede impulsar importantes cambios sociales, siendo por ello que ahí radica su valor. Por tal razón, creemos que la discusión y construcción del proyecto de ley de Cultura no ha estado a tono con las necesidades actuales, pues a simple vista se nota el carácter corporativista con el que se pretende direccionar el quehacer cultural del país.

La nueva ley debe ser discutida ampliamente con todos los actores culturales, pero debe ser un proceso de elaboración desde el seno de las organizaciones culturales y los pueblos, conociendo profundamente su entorno, su realidad económico-social, estableciendo con ellos las prioridades, de acuerdo con sus aspiraciones y proyecciones hacia el futuro, siendo consientes de las diferencias que existen en un estado plurinacional. Estas diferencias tienen que ser elementos de complementariedad que permitan sentar las bases de un verdadero proyecto liberador. El Sistema Nacional de Cultura tiene que ser consecuente con los principios establecidos en la constitución que declara a nuestro país como “Plurinacional y Pluricultural”, debe avanzar a convertirse en el “Sistema de Culturas del Ecuador”, esta nueva característica permitiría la participación real y en igualdad de condiciones a todos los sectores sociales y sus diferentes organizaciones; y junto con ellos, establecer los mecanismos necesarios para afirmar su mundo cultural. Esto garantizaría una verdadera participación democrática, si no se lo hace, caeríamos como hasta ahora, en ese mesianismo, que cree que los cambios se los hacen desde un escritorio y por decreto.

lunes, 26 de octubre de 2009

Presidente, bienvenido a la política

Natalia Sierra, 07-10-2009


Resultado de más de una década de luchas y levantamientos indígenas-populares, que lograron expulsar a tres gobiernos consecutivos por intentar radicalizar el modelo económico neoliberal, involucrarnos en el Plan Colombia y entregar la soberanía nacional a los requerimientos geopolíticos del estado norteamericano, se abrió la crisis de la institución estatal y con ella la posibilidad de cambiar el destino de este país.

Momento político crucial para iniciar una transformación, tanto por el nivel de politización que había logrado la sociedad ecuatoriana, cuanto por el contexto regional favorable, debido a los procesos político-sociales que venían desplegándose en Venezuela y Bolivia, y de alguna manera en el resto del subcontinente.

Es en esta coyuntura que el economista Rafael Correa, en su calidad de Ministro de Economía del gobierno de Alfredo Palacio, aparece en la escena política nacional por su correcta posición frente al destino de las rentas petroleras. Sin embargo, esto no hace de él un dirigente político, pero sí una figura interesante para ser el candidato electoral de una alianza amplia de sectores de izquierda y centro izquierda (AP).

Se hicieron los juegos en el tablero político y Rafael Correa, con el apoyo de varias organizaciones y movimientos sociales logró, en la segunda vuelta, ganar la Presidencia de la República con un discurso que respondía al deseo de cambio de la población.

Pero esta circunstancia política de ninguna manera significa que sean el presidente Rafael Correa y Alianza País, a espaldas de las organizaciones sociales y menos a espaldas del movimiento indígena, los que puedan hacer una transformación social popular real.

Las transformaciones sociales son paridas por el pueblo, no por técnicos, profesionales o individuos aislados. Las transformaciones son un acto político, no un asunto de administración técnica.

Parece que al Presidente y a Alianza País se les olvidó quiénes y qué fue lo que hizo posible que ahora estén dirigiendo el Estado y parece que también se les olvidó que frente al poder económico de los viejos y nuevos grupos de poder burgués-oligárquico sólo se puede oponer el poder político del pueblo organizado, no una ciudadanía abstracta y despolitizada. Olvidó que puede costar mucho, no al Gobierno, sino a la historia política de este país.

Las oportunidades de cambio son milagros escasos que tienen tras de sí largos y difíciles procesos de lucha popular, como para que irresponsablemente sean abortados por la necedad del Presidente, la miopía política de ciertos “compañeros” de la izquierda -miembros de Alianza País- o por la ignorancia de algunos dirigentes del mismo movimiento.

Necedad, miopía o ignorancia política que ahora se estrella con la realidad profunda del Ecuador. Después de dos años de paciencia las organizaciones sociales y el movimiento indígena están recordando al Gobierno para quién y, sobre todo, con quién se tiene que gobernar si, como lo prometió en todos sus discursos, realmente quiere hacer cambios profundos en este país, es decir, caminar hacia el socialismo.

lunes, 12 de octubre de 2009

En Ecuador Rafael Correa se pasa al bando burgués y la tendencia de cambio se depura

Existen gobiernos abiertamente de derecha; entre ellos están los socialcristianos y democratacristianos; los bipartidismos al estilo norteamericano; el liberal-conservador de Colombia, o los Estados monárquicos de tipo británico. Los fascistas al estilo de Berlusconi y los fundamentalistas de tipo musulmán. Los moderados de centro derecha, como los de la socialdemocracia internacional; los Estado de bienestar de los países nórdicos. Los moderados de izquierda del Socialismo del Siglo XXI latinoamericanos y los autoproclamados socialistas europeos; por supuesto las economías de monopolio de Estado tipo China. En saco aparte Cuba y su Estado socialista. Este listado está sin duda incompleto, pero es útil para los fines reflexivos que persigue.

Bueno, ¿en cual de todos estos modelos encaja Rafael Correa?

Antes, creemos muy necesario anotar que para enten
der y descifrar a Correa no es necesario meterse en su cabeza de “curuchupa” salesiano y jesuita, sino situarlo en el contexto político del que surgió. Veamos.

En la transición hacia el siglo XXI el Ecuador pasaba por una crisis política
e institucional de las más profundas. Sus pueblos y nacionalidades habían derrocado tres presidentes, Bucaram, Mahuad y Gutiérrez, todos gobiernos pro imperialistas de corte neoliberal y profundamente anti populares.

Fue el derrumbe precipitado de tres alternativas burguesas, que despertó al ingenuo votante del sopor en el que se había sumido producto de las infinitas promesas de cambio que hasta ese entonces todos habían hecho y nadie cumplido. Esto alejó a las masas de las vertientes oligárquicas y burguesas de tipo ultraconservador. La gota que derramó el vaso del escepticismo fue el gobierno inútil, inconsecuente y perverso de Alfredo Palacio que remplazó a Gutiérrez, desde donde un joven y carismático Ministro de Economía forjaba sin saberlo su destino.

No debemos olvidar que son las masas las que forjan la historia. Ellas crearon las condiciones para el surgimiento de la figura de Rafael Correa. La esperanza se fue convirtiendo en corriente política y luego en tendencia de cambio claramente orientada a la izquierda, el combate popular había dejado claro el camino para una opción alternativa. Sin embargo la izquierda revolucionaria no encontraba el camino para liderar el anhelo popular. Cualquiera que quisiera representar a la tendencia de cambio, tendría que ser consecuente hasta el final con las aspiraciones de millones, cansados de tanta mentira.

En la casa del economista Alberto Acosta un grupo político de clase media sentó las bases para el futuro proyecto electoral y ahí mismo le propusieron a Rafael Correa la presidencia de la República. No tenían nada, solo el carisma guayaquileño de Correa, pero a tiempo detectaron que afuera el pueblo era escéptico con la derecha y decidieron lanzarse con un discurso izquierdizante (canciones patrioteras y alusiones al Che) de choque al neoliberalismo y a lo que Correa denominó “partidocracia”.

Hasta ahora han tenido éxito en varias elecciones, pero la soberbia de clase de Correa le ha hecho creer que puede prescindir del movimiento indio y de la izquierda que votó por él, repitiendo la misma fatal historia del derrocado Lucio Gutiérrez.


¿Correa es de izquierda?

Correa no es de izquierda, su pensamiento corresponde a un miembro de la clase media que se aburguesa, mira hacia arriba y se consid
era un cruzado obligado a humanizar a la salvaje burguesía neoliberal. Las masas deben ser incorporadas al sistema como propietarios, convirtiéndolas así en un grosero remedo del ideal de los grandes propietarios.

El pensamiento ecléctico de Correa es consecuencia de la transición que experimenta la clase media cuando ve satisfechas sus aspiraciones en el poder y pierde paulatinamente su ímpetu de cambio, se acobarda y se enmascara de izquierdista en el camino.

Sí, Rafael Correa se está pasando velozmente al bando de los intereses burgueses y estamos acumulando pruebas de ello de manera vertiginosa. Ya ha cumplido con las tareas que un liberal progresista, tecnócrata de clase media como él, se autoimpuso para sacar al Ecuador de la crisis política que ya mencionamos. Estas tareas comprendían reinstitucionalizar al alicaído Estado burgués y ponerlo en marcha; establecer políticas de subsidios a los más pobres para generar una amplia base social de apoyo; desprestigiar a los grupos económicos más conservadores y atacar sus nichos de influencia política, expresado en la tenencia de medios de comunicación y, finalmente; diseñar una política e
conómica de amplio beneficio burgués y transnacional, que establezca la oportunidad de un nuevo momento de acumulación y concentración de capitales posibilitando la emergencia de nuevos grupos económicos con los que se pueda generar un nuevo pacto social burgués.

Correa promete libertades restringidas para el pueblo y toda la del mundo para el capital, al más puro estilo de las libertades que impone el mercado. El gobierno de Correa es una Mesocracia orientada para satisfacer a los de arriba. De hecho Correa cree en el “mercado humanizado”, en el emprendimiento privado, en la gran propiedad privada capitalista y en honrados empresarios que pagan justamente a sus esclavos. Ese es su ideal de sociedad perfecta, el marco perfecto para la reedición de las superadas democracias restringidas neoliberales. A todo eso llama Correa “socialismo del siglo XXI”.

Como vemos, ahora Correa si encaja en algún lado. El suyo es un régimen de transición de la clase media –supuestamente progresista–, al conservadurismo, hacia el aburguesamiento. Correa prefiere ser un liberal moderado, lejos incluso del radical Eloy Alfaro al que dice admirar. Correa se está desentendiendo de la tendencia de cambio como un espacio que generó la lucha desinteresada de millones de trabajadores y pueblos indios en contra del neoliberalismo. Correa se está bajando del tren del cambio y se bajó en la estación que lo lleva al pasado o por lo menos a establecer un nuevo estado de cosas en beneficio del aparecimiento de una nueva clase dominante que garantice la gobernabilidad capitalista.

La tecnocrática clase media que lidera Correa está lejos de vislumbrar un sistema socialista en el Ecuador. Con una relativa recuperación del empleo para su clase y con subsidios paternalistas para los descamisados duerme tranquila; para ella el cielo es su parcelita de propiedad privada, su auto privado y fines de semana con placenteros asados. El resto que siga el ritmo; al que le tocó algo que coma callado y al que no, se le respeta el derecho al pataleo. Democracia para todos.


La terquedad de Correa
Cumplida sus tareas de cruzado salvador del capitalismo, que incluyó la expulsión de los gringos de Manta (¡!) va camino a la reconciliación, a cambio de convertirse en pieza clave en la política de yunque y martillo de Uribe y Obama en contra de la guerrilla colombiana. Cumplido esto, ahora se apresta a combatir la principal amenaza al sistema; la izquierda revolucionaria y los pueblos organizados. Quiere desactivar a la izquierda y derrotar a las organizaciones populares como la UNE y el movimiento indígena que lo apoyaron desinteresadamente y sin reclamar nada que no sea la profundización de las transformaciones democráticas que de Correa la tendencia de cambio esperaba.

La terquedad de Rafael Correa y su negativa al diálogo y al debate democrático con los actores directos de la educación como son los maestros y los campesinos pobres usuarios del agua que r
echazan su privatización, no es ningún problema patológico de su personalidad. Es una clara señal hacia el conjunto de la clase dominante y el imperialismo para que se la jueguen por él, en este momento en que la derecha no tiene con quien remplazarlo. Ya les cerró temporalmente el camino del golpismo con una oficialidad joven y tecnocrática; está invirtiendo el la lealtad de las FF.AA., ecuatorianas y ahora veremos el aburrido espectáculo del aburguesamiento acelerado del carismático presidente del “socialismo del siglo XXI”, mientras se eleva la intensidad del combate popular por el socialismo y la patria nueva; la unidad popular avanza y la tendencia de cambio se depura y se califica.

Al mismo tiempo, el pueblo con su lucha debe elevar a nuevos niveles su unidad, en un momento muy propicio para explorar caminos nunca recorridos, especialmente entre los pueblos indígenas y las más comb
ativas organizaciones populares. Que se cuide Correa, no sea que por su aburguesamiento y terquedad vaya a engrosar la lista de los presidentes derrocados en el Ecuador.

Por Julio Enríquez

miércoles, 7 de octubre de 2009

La Une y el recurso de la memoria

Que magnífica cualidad la del ser humano, aquella de la memoria, mediante la cual podemos registrar a la altura de la corteza cerebral, acontecimientos del pasado lejano y reciente. La llamamos memoria y, deberíamos hacer uso permanente de la misma, no sólo cuando nos es conveniente, sino en todos los instantes del reflexivo mundo social, al cual pertenecemos como individuos.


Pensemos también que la memoria acumulada por un colectivo humano se llama identidad y, que a partir de ella nos definimos como sujetos con historia y futuro.


Articulemos igualmente el concepto de educación, en todo su vasto universo de expresiones, sin olvidar que muchos lo hacen por voluntad consciente y con propósito, descargando su posición de clase sobre los hombros de aquellos que desde hace tres décadas, vienen luchando y batallando por un mundo de equidades y soberanía en el campo de la enseñanza.


No olvidemos en este punto, que sí existe en el País y a nivel Latinoamericano, un organismo gremial de solvencia, que ha apuntalado su derrotero, incluso a costa de muertos, encarcelados y proscritos, es precisamente la Unión de Educadores del Ecuador, UNE. Esta, nunca dejó de enfrentar las más nefastas intensiones de quienes a partir del Ministerio de Educación, han propuesto una educación amordazada y obediente, o simplemente destinada a separar aún más las fronteras entre los más amplios sectores sociales sumidos en la ignorancia y unos pocos privilegiados con el conocimiento y la información, que permiten dominar y explotar a los demás.


En este sentido recordemos igualmente algunos hechos:

Las políticas educativas vienen desde el Ministerio de Educación, quién además, controla el presupuesto y los mecanismos de represión contra aquellos que se oponen a su mandato.


Desde hace algún tiempo se ha pretendido implantar en el país una educación elitista y segregacionista, que permita la alta preparación de un sector de la población, en escuelas, colegios y universidades privadas, pero apoyadas económicamente por el Estado; todo ello en desmedro de los planteles públicos, abandonados a su suerte, en donde la educación debe alcanzar niveles de rendimiento medio, dedicados a la mayoría de la población.


Es claro que, la enseñanza en el Ecuador se ha privatizado en buena medida, dejando pingües ganancias a las empresas educativas, las mismas que aparecen como serias, pacíficas y no deliberantes. En este engaño y a costa de la economía familiar, miles de padres de familia optan por estos establecimientos, en donde ¡sí se estudia!


La política oficial de todos los gobiernos de turno ha sido aquella de desprestigiar a la UNE, como politizada y causante de todos los males de la educación en el País.


En este intento se ha difamado a los maestros y a su dirigencia, llamándoles: corruptos, mafiosos, mediocres, etc.


Sin embargo, queda claro, al menos para quienes aún hacemos uso del recurso de la memoria y la reflexión, que las cosas son de otra dimensión, tamaño, color y sabor, porque:

1a. Sin una ley a favor de la educación, acorde con los intereses de los sectores populares; sin recursos económicos suficientes y siempre dependientes del cuenta gotas con que vienen los mismos desde el Ministerio; con la represión como respuesta a cualquier reclamo, ¿cómo puede controlar la UNE la educación a nivel nacional? ¿Será quizá por arte de magia? o ¿por algún extraño subterfugio? No olvidemos además que se trata de un organismo gremial compuesto por diversas tendencias políticas, pero en general, con una clara orientación democrática y de servicio público.

2a. La gran mayoría de paros promovidos por la UNE se han dado por la exigencia del pago de salarios atrasados, mejoras salariales y en contra de la privatización de la enseñanza. Recordemos que de no haber mediado estas acciones, quizá en este momento, muchos más de los niños y jóvenes que hoy acuden a los centros de educación, no podrían hacerlo, a no ser que cuenten con los recursos para pagar, ésta, que no es una dádiva, sino una obligación del Estado frente a todos los ecuatorianos.

3a. En comparación con la enseñanza privada, en la cual los gobiernos de turno invierten para los bolsillos de los empresarios, una gran cantidad de maestros, especialmente rurales y del régimen bilingüe, perciben salarios de hambre, ha tiempo que viven en las condiciones más denigrantes. Otra de las inequidades que no busca solucionar el actual Gobierno, puesto que al contrario, con la Ley de Servicio Público, se atenta contra la escuálida economía de los maestros, golpeada por todos los régimen neoliberales, incluyendo el presente. Señalemos además, que pese a todo, la enseñanza privada casi nunca ha sido de mejor calidad que la estatal.

4a. Se acusa a la UNE de politizada, pero debemos preguntarnos ¿qué acción en el ser humano no es política? Y si ¿acaso este gobierno no es el producto de una acción eminentemente política? Es decir, lo que es malo en un caso, es bueno en el otro y nuestro Presidente “que tiene el don de nunca equivocarse”, ya toca las puertas de la santidad.

5a. La denigración, el insulto y la calumnia se han convertido en armas de combate de este gobierno de sabios y doctores; se dice de los maestros que son corruptos, mafiosos, mediocres, etc. Sin embargo todos, y el mismo Presidente reconoce, por citar un solo ejemplo, que el mejor plan de vivienda emprendido en el Ecuador, es aquel que ha desarrollado la UNE para sus agremiados. ¿Caben en estos epítetos quienes así actúan?


Por todo ello es importante señalar, que sin la correcta capacitación de los maestros y, sin los recursos para que mejore la infraestructura educativa y las condiciones de vida de los docentes, sumado a la inexistencia de una enseñanza que promueva los valores de eficacia, pero también de solidaridad, democracia y el apego a los valores culturales e históricos del país, ninguna prueba de evaluación funcionará o será el principio del cambio.


Además, si esto fuera cierto, ¿porqué el Ministro Vallejo no se somete públicamente a la misma prueba que quiere obligar a los maestros, dando el ejemplo y yéndose a su casa si no alcanza los niveles deseados?.


Entre tanto, el gobierno de Correa hace gala de sadismo, cuando plantea la separación de los maestros que no le obedezcan, olvidando que detrás de los miles de profesores que busca sancionar, existen miles más de hijos y familiares que se verán pronto sin los recursos mínimos para poder sobrevivir, convertidos entonces en francos y virulentos opositores de su política anti popular ¿Vendrá entonces la represión indiscriminada y con ella, los métodos más corrientes usados por las dictaduras del pasado?¿Morirá más gente?


Porque al ritmo que vamos, todo apunta a este hecho; es decir: se ha implementado la política del miedo a las destituciones y a la persecución, como primer paso, pues, se está con Correa o se es su enemigo ¡no existe término medio! Para ello se viola con el descaro más grande la Constitución, sobre la cual, Alianza País y su jefatura política, tanto juró fidelidad.


Las leyes que se vienen progresivamente, a más de la de Educación, no son el producto del debate y peor de la movilización de los sectores populares. ¡Claro! ello no puede darse si atentan contra los intereses de las grandes mayorías, a quienes dice el Gobierno servir con “manos limpias y corazones ardientes”, mientras que los empresas multinacionales ya afilan sus garras hacia la minería y otros recursos naturales.


El camino está abierto, no para la construcción del socialismo, sino todo lo contrario, para la implantación de un estado fascista bajo la dirección omnipresente y omnisciente de nuestro infalible Presidente de la República.

jueves, 2 de octubre de 2008

El triunfo inapelable del Sí

El autor del bocadillo "síndrome de Falcón", debe estar restregándose furioso en su asiento, como si padeciera de ladillas, frente a sus alumnos barceloneses, a quienes enseña con unción pelucona guayaca –"auténtica madera de guerrero nebotista"–, como se debe escribir creativamente sin caer o intentar dar coletazos marxistas que los acerquen al cholerío despreciable que acaba de votar en tierra firme ecuatoriana en proporción de un 64% a favor del SÍ, frente a un ecléctico 28% por el no. Y digo ecléctico por que la composición del no ha merecido sesudos estudios sociológicos que no terminan de acreditarle todo el mérito a las ideas puras y re-duras de la derecha decadente graficada en sus partidos políticos.

Muchos estudiosos coinciden en que de no haber sido por el auxilio de la cruz del Cristo del Consuelo guayaco que desfiló en solitario (al Cristo la muchedumbre no lo dejó salir) y de monseñor Toñito Arregui, no habrían obtenido ese 28% nacional y esa mínima diferencia en el puerto, que Nebot quiere hacer pasar como triunfo apoteósico.

En fin. Contrario a lo que se pueda pensar, no es tiempo de tenderles la mano a los perdedores, ellos jamás le tendieron la mano al pueblo cuando encumbrados en la sede de su poder, en el Palacio de Carondelet en Quito, tomaron las más crueles medidas económicas que hundieron en un sub-mundo de alucinante desesperación a los trabajadores y en cambio ellos ostentaron todo su lujo-urioso modo de acumulación capitalista.

Se perdonaron sus deudas e hicieron que las pague el Estado; cuando el pueblo protestó por las alzas de los pasajes y las gasolinas mandaron a dar bala sin temor de sus dioses; el partido político del alcalde más pelucón del Ecuador es el responsable de haber desaparecido a profesores y poetas cuando desgobernaba; lo mismo y luego más, hizo el partido naranja; replicó luego Bucaram y Mahuad para insistir finalmente Gutiérrez, estos tres últimos, como los tres chiflados, fueron merecidamente derrocados.Todos ellos, en su extraviada borrachera de poder impulsaron la enajenación, el quemeimportismo, la ausencia de toda preocupación por los asuntos de la patria, por que ellos y solo ellos eran los llamados a entenderlos y solucionarlos; a su favor...siempre a su favor.

De esto nada dice el autor del bocadillo editado por Paraiso editores, nuestro cómodo profesor barcelonés, y digo barcelonés por que en realidad este señor ya está desconectado de lo que es hoy el Ecuador y bien hace en escribir allá, para el más allá; no se me malentienda; o sea para más allá de todo interés en lo terrenal-real y no ficticio, en donde él pretende ubicarse para atacar a los que se sitúan en lo real, que no hacen otra cosa que dar "coletazos marxistas" en donde ya él quisiera que el postmodernismo braceara descaradamente con sus alzadas de hombro y sus cinicidades.

Pues nada. No son coletazos los que están dando los marxistas. Son verdaderas irrupciones en el "sacrosanto panteón de los dioses de la postmodernidad", para expulsarlos de esta verde altiplanicie que es América Latina. Sí por que no es solo Ecuador. Que habrá bien los ojos aquel que mira desde el otro lado del charco, miope el pobre, que no ve que lo que está en juego no es su pobre manera de ver nuestra realidad, que en realidad es inmensamente rica, tanto que ni nosotros que pretendemos estar tan cerca de ella logramos asirla y crear originalmente a partir de ella, en esto somos sinceros. Y que diablos cargamos en nuestros hombros este bulto, valientemente como Falcón, pero para deshacernos de el. Para nunca más volver a el. Sí en cambio para volver a los viejos-nuevos espacios de los reencuentros en espiral, novedosamente nuevos pero ya conocidos.

El Sí ha ganado y este triunfo es incontestable, excepto por los “caretucos” que habiendo perdido se proclaman ganadores y lo digo como manaba, en donde también así conocemos a aquellos que no se ruborizan cuando le echan en cara al otro, la acusación de padecer de un síndrome despreciable, cuando no se dan cuenta ellos mismos que ya están como para destinarlos a los depósitos de los lixiviados, por que no se es necesario cumplir tantos años como para darse cuenta de que las palabras surgen caducas, a destiempo, todas teñidas de un amargo sabor a esas bolitas blancas que las abuelas utilizaban para combatir las polillas.

Sí, salud y larga vida para todos los que le posibilitan a esta patria renacer de sus detritus, que lo sepan allende los mares. Aquí nadie padece de ningún síndrome, todos padecemos de lucidez que solo es dada a aquellos que son capaces de presentir la esperanza para demoler todos los síndromes.

Por Julio C. Enríquez C.