miércoles, 5 de octubre de 2011

¿Cómo son y qué piensan los indignados de Nueva York?

Perfil del movimientoOccupy Wall Street
5/10/2011
El movimiento Occupy Wall Street parece estar cogiendo fuerza y se ha convertido en un imán mediático, especialmente tras las detenciones del pasado sábado en el puente de Brooklyn. Los indignados de Zucotti Park tienen prevista una nueva manifestación hoy a las 4.30 pm (22.30 de la noche en España) en Foley Square, muy cerca del corazón financiero de Manhattan, a la que se sumarán otros grupos como el MoveOn y algunos sindicatos.
A la espera de los acontecimientos y tras una polémica cobertura de los medios estadounidenses, la revista New York ha realizado un excelente reportaje para conocer más a fondo el perfil de los individuos que forman parte de este movimiento.
Susan Sarandon, conocida como una demócrata ultraliberal en campaña desde hace años contra la guerra, la pena de muerte y a favor del aborto, se puso esta vez de lado de activistas que protestaban contra la codicia excesiva de las empresas y los negocios bursátiles corruptos. "Entre los ricos y los pobres en este país hay un abismo", dijo la actriz al portal económico cnbc.com.
"Oh yo no formo parte de las protestas de los Occupy WS, yo he estado aquí durante tres años!


Cada vez más

El pasado 17 de septiembre, cuando se prendió la mecha del Occupy Wall Street, se esperó concentrar hasta 90.000 personas, sin embargo, solo cientos de personas hicieron acto de presencia. La semana pasada más de 700 personas fueron detenidas en el puente de Brooklyn, un hecho que puso de manifiesto que el núcleo duro de este movimiento comienza a ampliarse y ganar fuerza en una sociedad donde la libertad del individuo prima sobre las masas sociales.
Dicho esto, entre el centenar de personas que se asientan en el campamento de Zucotti Park, el 66% son hombres, la mayoría de entre 20 y 29 años. Un 79% de los allí presentes consideran que, hasta la fecha, las protestas han sido todo un éxito mientras que más de la mitad de los indignados, alrededor de un 55%, no votaron en las pasadas elecciones.
Algunos han querido presentar al movimiento Occupy Wall Street como el antagonista del Tea Party, un movimiento social ligado al partido republicano centrado en el liberalismo económico que intenta reducir el poder del gobierno en EEUU. Sin embargo, es cierto, que como demuestran las cifras, buena parte de los que protestan por acabar, o mejor dicho, remodelar la clase financiera del país, no vota. Aún así, varios medios conservadores han intentado ligar las protestas al partido demócrata y más directamente al presidente Barack Obama, pero ¿qué piensan los indignados del mandatario del país?.
Los "Occupy" se extienden por varias ciudades, aquí manifestantes en un banco de San Francisco

Una decepción llamada Obama

La respuesta es clara, cerca del 40% estima que Obama les ha decepcionado pese a que creían en su propuesta de cambio. Otro 27% reconoce que nunca pensaron que fuera la elección correcta para dirigir la Casa Blanca y un 22% afirma que el demócrata "lo está haciendo lo mejor que puede". En este sentido, buena parte de los individuos que forman parte del Occupy Wall Street consideran que "el país necesita un cambio radical" y dicen sentirse decepcionados con el partido demócrata. Un 34% está convencido de "que el gobierno de EEUU no es mejor que Al Qaeda".
La radiografía realizada por la revista New York pregunta a los allí presentes por fórmulas para arreglar esta situación. Entre las respuestas más comunes están instaurar una ley que limite los salarios de Wall Street, proclamar a Elizabeth Warren (quien fundo la nueva oficina del consumidor y supervisó el panel independiente sobre la gestión del rescate bancario), como presidenta o simplemente "quemar" Wall Street.
Por último, como ya explicó el director de cine Michael Moore en sus entrevistas para defender el movimiento, Occupy Wall Street no se opone al capitalismo en sí. De hecho,el 46% de las personas que apoyan el movimiento considera que este sistema no es "diabólico" pero necesita ser reformado. Sin embargo, cerca del 37% estima que el capitalismo "no puede salvarse" y califica este sistema como "inmoral".

Martin Sheen respalda a los "indignados" de Nueva York


El actor de "The West Wing" y "Apocalypse Now" es suma
a la lista de famosos que apoyan al grupo de personas que se
atrincheró en Wall Street.



NUEVA YORK.- El veterano actor estadounidense Martin Sheen respaldó hoy a los "indignados" de Nueva York y sus protestas contra Wall Street, ya que considera que el corazón financiero de Manhattan ha sido escenario durante "demasiado tiempo" de "comportamientos escandalosos".

"Creo que el movimiento 'Occupy Wall Street' es una gran idea", aseguró hoy el actor en declaraciones a EFE en Nueva York, donde llegó esta semana para promocionar su última película, "The Way", que rodó junto a su hijo Emilio Estévez sobre el Camino de Santiago y que se estrena esta semana en EE.UU.

Sheen, conocido activista político y social en EE.UU., aseguró que todavía no ha tenido tiempo de pasar por el campamento que los "indignados" de Nueva York instalaron en el sector financiero de Manhattan, pero indicó que apoya su idea "porque la gente quiere que Wall Street responda por sus acciones".

En la foto, M. Sheen marchando por la paz en Los Angeles

"La gente tiene así la oportunidad de expresar su descontento con el comportamiento escandaloso que se ha mantenido en Wall Street durante demasiado tiempo", aseveró el conocido protagonista de la serie "The West Wing" o películas como "Apocalypse Now.

Sheen fue uno de los protagonistas en 1987 de la aclamada película "Wall Street", de Oliver Stone, donde encarnaba a un líder sindical que trataba de alertar a su hijo (Charlie Sheen) para que éste no cayera en las fauces de los especuladores como el que interpretaba en la cinta Michael Douglas.

El actor se convierte así en el nuevo rostro conocido que presta su apoyo público a la iniciativa "Occupy Wall Street" ("Ocupa Wall Street"), cuyos integrantes llevan atrincherados desde el pasado 17 de septiembre en el Bajo Manhattan para protestar contra la "avaricia" del sistema financiero estadounidense.

Famosos como el director Michael Moore ("Bowling for Columbine", "Sicko") o la premiada actriz Susan Sarandon ("Thelma y Lousie", "Dead Man Walking") han acudido ya a la zona donde acampan los "indignados" para mostrar su apoyo a la causa que defienden.

El movimiento de protesta, extendido ya por varias ciudades de Estados Unidos, vivió uno de sus días más destacados el pasado sábado, cuando la Policía de Nueva York detuvo a unas 700 personas que, durante una marcha por el Puente de Brooklyn, invadieron la calle obligando a cortar el tráfico.

Un grupo de esos detenidos presentó ya una demanda contra las autoridades de Nueva York y acusan a la Policía de permitir a los manifestantes llegar hasta el puente de Brooklyn y entonces impedirles abandonar el lugar para proceder a las detenciones.


http://www.emol.com/noticias/magazine/2011/10/05/506668/martin-sheen-respalda-a-los-indignados-de-nueva-york.html

La misión es involucrarnos


Página 12
05-10-2011


Nueva York tiene ocho millones de habitantes; un millón vive en la pobreza. Es una vergüenza. Y, sin embargo, el sistema no se detiene aquí. No importa cuánta vergüenza podamos sentir; la maquinaria va hacia adelante, para hacer más dinero. Nuevas maneras de trampear con las jubilaciones; de robar aún más. Pero algo está sucediendo en Liberty Plaza.
Estuve en Liberty Plaza para realizar un par de notas. Y volveré. ¿Sabías? Están haciendo un gran trabajo ahí. Y están recibiendo aún más apoyo. La otra noche, el sindicato de empleados de transportes –los conductores de ómnibus, los conductores de la metropolitana– votaron con entusiasmo para mantener la protesta. Hace tres días, 700 pilotos de línea –sobre todo de United y Continental– marcharon por Wall Street. No sé si hubo alguna forma de ver esto en televisión. Sé cómo estuvo la cobertura aquí; se mostró a unos pocos hippies que tocaban sus tambores –las cosas típicas que buscan los diarios–. Por favor: ¡que Dios bendiga a los hippies que tocan sus tambores! Pero es la razón por la que “ellos” quieren que se vea sólo esto. Y ahora yo les digo lo que vi en aquella plaza. Vi jóvenes, vi ancianos, vi gente de todo tipo y de todos los colores y todas la religiones. Vi también a la gente que vota por Ron Paul (el candidato presidencial ultraconservador que quiere abolir el Banco Central). Quiero decir, era un grupo de gente de todo tipo. Estaban los enfermeros en esa plaza. Estaban los maestros en esa plaza. Gente de todo tipo.
Hoy martes habrá una nueva manifestación: también los conductores de ómnibus y de la metropolitana marcharán por Wall Street. Oí decir que la UAW (el sindicato de los obreros del automóvil) está pensando en algo parecido. Piensen, su peor pesadilla se convierte en realidad. ¡Los hippies y los obreros del automóvil que marchan juntos! La gente entendió. Y toda esta historia sobre las divisiones internas y esto y lo otro: a la gente no le importa más. Porque esta vez se trata de sus propios hijos que corren el riesgo de no poder ir más a la escuela. Esta vez se corre el riesgo de quedarse sin techo. Esto es lo que en verdad está en juego.
Pero lo que me parece más extraño y bizarro, de los ricos, es cómo habían decidido excederse tanto. Quiero decir: les iba todo muy bien. No, para ellos no era bastante. Para los nuevos ricos no era bastante. Los nuevos ricos que no hicieron su fortuna gracias a una buena idea. Ni a un invento. Ni con su sudor. Ni con su trabajo. Los nuevos ricos que se enriquecieron con el dinero de los otros; con el que jugaron como si fuesen al casino. Dinero más dinero. Y ahora nos encontramos con una generación de jóvenes para los que los héroes a los que emular son aquellos de los canales de televisión de negocios: aquellos que se enriquecieron haciendo dinero sobre aquellos que hacen dinero.
Pero, ¿cuánta necesidad tendremos de jóvenes que se pongan a trabajar para salvar a este planeta? Para encontrar la cura a todos estos males. Para encontrar una manera de llevar agua y servicios higiénicos a los millares de personas sobre esta tierra que no los tienen.
Esto es lo que querría. Que en lugar de que las 400 personas más ricas de este país tengan más riqueza, sean los 150 millones de estadounidenses todos juntos los que estén mejor. Dirán, es una de esas cifras que Michael Moore tira por ahí. Pero es una estadística cierta: verificada por Forbes y por PolitiFact. ¡Las 400 personas más ricas de este país, son más ricos que los 150 millones todos juntos! Pero esto no se puede llamar democracia. La democracia implica una suerte de igualdad: yo no digo que cada pedazo de la torta debe ser de la misma medida, pero ¿no nos fuimos mucho más allá?
Ahora está esta buena noticia. Porque hasta que alguno desafíe a nuestra democracia –mientras que la Constitución se mantenga intacta–, querrá decir que cada uno de nosotros tendrá el mismo derecho de voto que los señores de Wall Street: un voto por persona. Y ellos podrán comprar a todos los candidatos que quieran; pero su mano guiará a nuestra mano cuando estemos en el cuarto oscuro. El mensaje de gritar fuerte es hacer llegar a los millones de personas que se dieron por vencidas –o que fueron convencidas por ignorancia–. Lograremos hacer llegar nuestro mensaje que para aquellos 400 será la peor de las pesadillas. Porque lo único que saben hacer bien son las cuentas. Nosotros somos muchos más que ellos. Depende sólo de nosotros. Basta de despertarse a la mañana y decir “Ok”. Ahora basta. Decidí involucrarme. Esta ahora es nuestra misión, involucrarnos. Por eso les digo: apoyen la protesta de Liberty Plaza.
* Durante la presentación del último libro de Moore en ST. Mark’s Bookstore.
Traducción: Celita Doyhambéhère.


Acerca de lo mismo...


WASHINGTON.- El cineasta Michael Moore presentó en la universidad católica jesuita de Georgetown su última obra, el libro de memorias, "Here Comes Troubles", en el que se refiere en profundidad al "gran pecado capital" de Estados Unidos: la codicia.

"Nosotros los estadounidenses hemos permitido que un pequeño grupo de personas se convirtieran en expertos de uno de los siete pecados capitales", señala. "Y ese pecado, por supuesto, es la codicia".

En los años 1960-70, explicó Michael Moore, quien toma como ejemplo su propia infancia en Flint, dependiente del sector automovilístico, los ricos pagaban ciertamente muchos impuestos, pero vivían muy cómodamente, mientras que los menos ricos tenían una vivienda, educación gratuita y empleo seguro.

Pero hay que concluir que eso ya no ocurre hoy, afirmó el realizador de "Bowling for Columbine" y "Fahrenheit 9/11", por el que recibió la Palma de Oro en Cannes en 2004.

"¿Qué ocurrió en estos últimos treinta años como para que pensemos que hicimos algo bueno al crear una sociedad que genera tanta miseria?", se pregunta, recordando que 46,2 millones de norteamericanos viven en la pobreza.

"¿Qué de lo que ha dicho Jesús está vinculado con el hecho de que las personas sean desalojadas de sus casas?", agregó en referencia a los embargos inmobiliarios que siguieron a la crisis de los préstamos hipotecarios de riesgo ("subprime") en Estados Unidos.

"¿O con que no se le dé un seguro de salud (a los que carecen de él) o que no se les atienda cuando caen enfermos?", agrega.

"El principal problema no es la deuda. Necesitamos empleo, empleo y empleo", insiste luego cuando responde a las preguntas de los estudiantes, lo que le permite volver sobre los temas que más le interesan, como el del uso de armas de fuego.

¿La política del presidente Barack Obama? "En un partido no se puede jugar al revés durante las tres cuartas partes del tiempo e intentar ganar al final", afirma Moore, quien le dio su apoyo a Obama durante la campaña presidencial de 2008.

El problema, añade, "es el capitalismo del siglo XXI", que debería ser "totalmente reestructurado".

"No creo que sea imposible (...) pero necesitaremos más iniciativa gubernamental, y que nosotros, los ciudadanos, nos pongamos manos a la obra para garantizar que la torta se divida de manera equitativa", estimó el cineasta.

viernes, 30 de septiembre de 2011

30-S 2010, HACE UN AÑO...


Rafael Correa el gran capitán del
socialismo pequeñoburgués*

Dado los últimos acontecimientos es necesario actualizar el debate de la caracterización del régimen de gobierno de Rafael Correa para comprender hacia donde avanza el ejercicio del poder de lo que se ha autodenominado la “revolución ciudadana”. Una falsa “revolución” que se rotula “izquierdista” y que mantiene soñando en el limbo a muchos que confiaron en la posibilidad de que Correa se decantara por un proyecto político de cambio a favor de los pueblos y entierre las huellas del paso del neoliberalismo en toda la sociedad ecuatoriana. Pero en realidad se circunscribe a un proceso de reinstitucionalización del Estado capitalista en crisis, relanzándolo para alcanzar otro nivel de recomposición, contribuyendo al objetivo burgues-imperial, luego de más de 30 años de desastrosos gobiernos neoliberales. He aquí algunos de los hechos más relevantes de su evolución conservadora:

Primero. La proyección en elecciones de una imagen de “outsider” contra “partidocracia”, que en realidad fue la emergencia de la pequeña burguesía en confrontación con la gran burguesía, con un programa de gobierno nacionalista y patriótico por el que muchos votaron, pero al final está mostrando sus límites, que no son otros, que la reingeniería jurídico-político-administrativo del aparato estatal burgués.

Segundo. Aprovechar el desmoronamiento económico-social-político e institucional del capitalismo neoliberal para convocar a una Asamblea Constituyente como primer paso de una neo reinstitucionalización jurídico-política, aprobando una nueva Constitución y Leyes Orgánicas que la complementen (estamos justo en medio de este momento y es la razón de tanto reclamo).

Tercero. Encontrar un camino de desarrollo económico acorde con ese nuevo orden institucionalista, derivado de una estrategia global de recuperación del capitalismo con fisonomía de avanzada; todo esto acompañado de un fuerte gasto social en forma de subsidios especialmente a los más pobres, que, por un lado, desarrolle base social de apoyo al régimen que se materialice en organización y militancia y por otro que neutralice y desmovilice toda capacidad crítica y de movilización en contra de las Leyes Orgánicas, que afectan a numerosos sectores sociales como; indígenas, universidad ecuatoriana, magisterio, estudiantes universitarios, comunicadores sociales (los grandes medios se oponen en función de sus estrechos intereses), servidores públicos, policías y militares de tropa, pequeños mineros, entre otros. Que se han movilizado haciendo conocer al gobierno, razones de fondo para su inconformidad.

Cuarto. Una ofensiva ideológica patriotera con cierta retórica progresista y “logros” de la “revolución ciudadana” a través de una atosigante campaña propagándístico-publicitaria, en la que se ha gastado millones de dólares, beneficiando a ciertos medios propiedad de determinados grupos económicos o a personas cercanas a Rafael Correa.

Quinto. Generar un ambiente de sumisión y aceptación social al supuesto “socialismo” de Correa, mostrando a un gobierno aparentemente sólido, con fuerte respaldo de los legalmente armados y con apoyo internacional. Todo aquel que disienta o critique, se lo rechaza conminándolo a candidatizarse y ganar las elecciones en un claro alarde de soberbia y prepotencia, como en su tiempo lo hacía León Febrescordero. En realidad la lucha y resistencia popular en el Ecuador, en contra del conservadurismo de Correa, es señalada como simples actos de terrorismo y el gobierno ha llegado al extremo de encarcelar a gente en la calle solo por faltar el respeto “a la majestad del poder investido al Presidente”. El de Correa es el único gobierno de América Latina que mantiene en la cárcel a un preso político, en complicidad con el rector de la Universidad Central; se trata del joven dirigente estudiantil universitario de izquierda, Marcelo Rivera, acusado ilegalmente de “terrorismo”.

Clase media y tecnocracia pro capitalista

Rafael Correa cobra notoriedad política derivada de sus constantes charlas y conferencias en las que aparecía como un radical opositor de la dolarización y predecía que si no se encontraba una salida organizada a este modelo económico el desastre sería inevitable, en ese periplo se encontró con Alberto Acosta. Dado esto lo llamaron a colaborar como Ministro de Economía del gobierno interino de Alfredo Palacio. Sus bonos se elevaron.

Las elecciones del 2007 estaban cerca y fue llamado por un grupo de intelectuales clase media como él para representarlos. Hasta ese momento Rafael Correa no era mas que un profesor de una universidad privada de la elite quiteña y un ex ministro eficiente.

Este grupo de intelectuales identificó el momento político de ese entonces como el más propicio, para desde su óptica realizar cambios –a la europea–, sin romper con el sistema capitalista. Con un jugoso presupuesto en la campaña electoral, y con cierta dosis de desparpajo y creatividad, confrontaron directamente con los candidatos de la continuidad neoliberal, la “partidocracia” así ganaron las elecciones. Correa pasó de ser un profesor con cierta pedagogía a un presidente inmoderado, confrontador, terco y sobredimensionado de si mismo, lo que le ha valido el distanciamiento de muchos que estuvieron inicialmente a su lado, como Alberto Acosta, Fander Falconí, Gustavo Larrea y muchos sectores sociales que creyeron en su propuesta; movimiento indígena, magisterio, estudiantes secundarios y universitarios, sectores populares y el PCMLE, todos ellos llamaron a votar por Correa y por su propuesta que interpretaba –en ese entonces–, el anhelo de cambio del pueblo ecuatoriano.

Logrado su ascenso al poder, Correa devino en un hombre de difícil acceso, autárquico y soberbiamente autosuficiente en lo político, con un “estilo” de grosero desprecio al criterio ajeno, aún proviniendo de quienes le apoyaban, nunca buscó el diálogo con las razones de los sectores sociales que disentían con su criterio de gobierno. Privilegió el contacto con las elites y los empresarios. Muchos de los puntos que prometió se quedaron en el camino, como el desmantelamiento del neoliberalismo en materia de derechos y remuneraciones a los trabajadores y más bien de manera discreta se fue alejando de los sectores sindicales; igual cosa pasó con los indígenas y también en un proceso se fue distanciando de las personalidades y grupos políticos organizados que lo apoyaron; el Correa clerical, conservador y neoinstitucionalista apareció de manera franca.

Correa acuñó las ideas de la “meritocracia” y el “eficientismo” al tiempo que arrebataba toda la fraseología y reivindicaciones de la izquierda para situarse como el dirigente máximo de la “tendencia de cambio”. Todas las dimensiones de la administración del Estado capitalista de “nuevo tipo” que él estaba inspirando fueron llevados adelante con estas premisas, tanto impactó sus pretendidas políticas de corte patriótico, nacionalistas y sociales que cosechó “correistas” en los más insospechados rincones. Hasta ese momento había mucha expectativa social, todo se le toleraba, en espera de rectificaciones.

No hubo un análisis de clase, para comprender la dirección, alcances y límites de la gestión del gobierno de Correa y diseñar políticas pertinentes de cara a demostrar ante las masas que de este como de otros gobiernos burgueses no había mucho que esperar. El análisis generalista de la tendencia de cambio en la que supuestamente Correa capitaneaba, y de unos posibles escenarios de izquierdización o derechización, generó un todo opaco que ocultó la emergencia de una propuesta y subjetividad de la clase social a la que pertenece Correa y la tecnocracia que lo acompaña, clase, liderada eso sí, de manera indiscutible por Correa.

Viene al caso la siguiente cita: “Los estamentos medios –el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino–, todos ellos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales estamentos medios. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Mas todavía, son reaccionarios, ya que pretenden volver atrás la rueda de la Historia”. (Manifiesto del P. Comunista: O. Esc., en tres tomos, pag. 120)

En los hechos Correa asume la continuidad de la revolución liberal alfarista, pero en las condiciones particulares de la era posneoliberal, no de manera gratuita, la figura y pensamiento de Eloy Alfaro y Montecristi, forman parte del imaginario de la “revolución ciudadana”; esto corresponde de manera coherente a una clase social –la pequeña burguesía–, que emergió silenciosamente a la realidad política del Ecuador en medio de las jornadas de derrocamientos de los tres presidentes. Asqueada de la corrupción neoliberal y sin que ella le beneficiara, proclamaba en la Av. De los Shyris y en horario fuera de oficina “que se vayan todos”, esta consigna lidera y recoge el anhelo pequeño burgués del reflotamiento de la patria capitalista y Correa responde coherentemente con ese ahelo, desde el neoinstitucionalismo oficial. Pero está demostrado que el presidente y la tecnocracia que lo acompaña, de izquierda, no saben otra cosa que balbucear y muy mal la canción del Che.

Sí, Correa en realidad capitanea y es lider indiscutible de la pequeño burguesía y de la tecnocracia en el poder del Estado. Este ex profesor ha sido muy hábil al reclutar a una tecnocracia pro capitalista, que no tenía otro futuro que emigrar; la juventud MSc., y los cuadros PhD que forman el gobierno es garantía de éxito de la reingeniería institucional del capitalismo en el Ecuador. Hasta allí llega el discurso progresista de Correa. De allí en adelante la clase social que lidera Correa (tan característico en ella) se vuelve en contra y combatirá contra quienes lideran verdaderamente el cambio radical; la izquierda, el movimiento indígena y los sectores populares organizados se vuelven blanco de sus ataques. También los remanentes antiguos y rancios de la derecha tienen un ultimátum, o se alinean mediante acuerdos o alianzas o son excluidos de los principales nichos de acumulación de capital, Correa ha logrado someterlos, ellos a la final no pierden, al contario saldrán ganando; tendrán un capitalismo funcional a un nuevo nivel de acumulación. Correa se alza entonces como el gran emperador del centro político, su lucha es contra la extrema izquierda (calificados de garroteros y violentistas) y los “pelucones” de la “partidocracia”, una posición edulcorada por una fraseología populachera de “amor infinito por la patria”, que en verdad hace más fácil ocultar el objetivo de favorecer a las fortunas y nuevos ricos que lo acompañan. En el capitalismo, –en ningún lugar del mundo–, ningún gobierno sobrevive si no cuenta con el respaldo de los poderosos.
 
Nuevos vientos soplan en América Latina, sin duda, pero son los vientos característicos de la restitución pequeño burguesa, en las condiciones actuales del capitalismo en crisis, a esta propuesta llamada “revolucionaria” y “ciudadana” también la llaman pomposa como perniciosamente “socialismo del siglo xxi”, cosa que el imperialismo tolera y alienta con todo entusiasmo, golpeando de paso, con una copiosa propaganda, la propuesta y avance del socialismo y la revolución.

Correa se derechiza

No, Correa no se derechizó, no es que venga de posiciones de izquierda y haya involucionado, siempre ocupó ese espacio político derechista, su formación económica procapitalista, matizada por su ideología clerical, hacen que primero no entienda y luego repudie profundamente al socialismo que niega y entierra al capitalismo. Tan solo utilizó un discurso patriotero acorde con su campaña anti “partidocracia”; canceló el entreguismo proimperialista irritante de la derecha más recalcitrante para ganarse la simpatía del electorado de izquierda y ahora sin ningún rubor lleva adelante la política del yunque y martillo, involucrando peligrosamente al Ecuador en el conflicto interno colombiano; llevó más lejos una política burguesa de subsidios y ahora diseña leyes orgánicas, complementarias a la Constitución, para entregarle a los grupos económicos que emergen con este gobierno, la posibilidad de inaugurar un nuevo momento en el proceso de acumulación y concentración del capital y por otro lado ordenar el proceso administrativo del aparato estatal burgués para eficientarlo de cara al objetivo anterior. “La condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la acumulación de la riqueza en manos particulares, la formación y el acrecentamiento del capital”. (Op. cit)

Correa está manchado de sangre

Los hechos de este 30 de septiembre de 2010 es síntoma de que muchos sectores sociales –afectados por las leyes de corte funcional capitalista y de claro tinte anti popular que Correa hará aprobar en la Asamblea Nacional–, están dispuestos al combate. Aún cuando de manera a priori, se pueda sospechar que cierta facción burguesa estaría detrás de intentos golpistas. En efecto, este 30 de septiembre, cierto grupo de policías, se insubordinaron reclamando por beneficios, que este gobierno mediante la nueva Ley de Servicio Público, les conculcaba. Correa llegó al sitio en donde los policías reclamaban, se expuso a vejámenes y en medio de ese clima de exaltación finalmente lo retuvieron por algo más de 10 horas, sintiéndose acorralado, pero con una visión de enfrentamiento y antagonismo redículos –tan característico en él–, llamó a que lo maten, para mas tarde en la noche, aprobar  el desbordado como trágico operativo de rescate cuyo desenlace todo el mundo conoce.

Sin embargo durante estos días Rafael Correa ha salido en espacios de medios públicos (ahora abiertamente gubernamenales) la cadena de los sábados y muchas entrevistas, para hacer creer a todos los ecuatorianos, que no fue su torpe decisión de ir a la boca del lobo lo que precipitó los macabros incidentes, si no un plan secreto de golpe de Estado y criminales intenciones de asesinarlo. Si el golpe hubiera estado planeado, allí en el hospital policial, los supuestos golpistas lo hubieran rápidamente llevado a otro sitio y exigido desde allí el poder, a cambio de su vida. Y así mismo hubieran procedido, con suma facilidad, si de asesinarlo se hubiera tratado. Nada de eso pasó, en cambio Correa actuó de manera torpe y precipitada, al dar la orden de que lo rescaten y tal parece con la consigna de hacerlo cueste lo que cueste. Correa está conciente de que no eran si no, 180 policías, pudo esperar –previendo lo peor–, hasta la madrugada y contar a favor con el elemento sorpresa, en fin, tantas otras salidas a esa crisis, inclusive el diálogo; esta vez todo el mundo pudo conocer en vivo, la prepotencia de Correa que decía “de aquí me sacan como cadáver pero yo no voy a negociar nada”. Este es el torpe y temerario Rafael Correa que gobierna el Ecuador. 

Correa es el único responsable de los 6 muertos hasta ahora y los más de 193 heridos de la noche del rescate de la falsa “revolución ciudadana”; una “revolución” en donde la “ciudadanía” no participa, no decide, no critica, solo recibe ciertas migajas en forma de subsidios y de políticas sociales que son cosa corriente en EE.UU., Europa y otros países de capitalismo avanzado, que se pretende en Ecuador hacerlos pasar como radicales muestras del “socialismo del siglo XXI” (en realidad socialismo pequeño burgués) Estos beneficios sociales se mantendrán mientras se mantengan los altos precios del petróleo y sirven actualmente para mantener cierta razonable gobernabilidad dentro del capitalismo de Correa, mientras los nuevos grupos económicos y los imperialismos  (EE.UU., Chino, Europeo) se disputan a dentelladas nuestra riqueza.

La confrontación social se eleva,                                           la unidad indígena-popular apremia

En el Ecuador estamos en medio de la aprobación de Leyes cruciales para el devenir del proyecto político de Rafael Correa y de la consolidación de su clase social en transición hacia la conquista de la cima de la pirámide de la dominación política.

El ascenso de la lucha y la confrontación social es inevitable. Las leyes de Correa van en la dirección de reflotar la pútrida institucionalidad burguesa. Correa nunca capitaneó la corriente y el anhelo de cambio del pueblo ecuatoriano, es un hombre de confianza de la libre empresa. Dada su extracción de clase pequeño burguesa, su gobierno es tan solo expresión de los intereses estrechos de esa clase social ambivalente y conservadora.

El anhelo de cambio del pueblo ecuatoriano subsiste, pero todavía las masas ilusoriamente se identifican con Correa y su “capitalismo del siglo xxi”, como sinónimo del verdadero cambio. Los pueblos –especialmente los indígenas–, deben aprender a identificar los cristales de colores en forma de dádivas, que son concesiones presupuestarias inmediatistas del gobierno, mientras sacrifican o represan su verdadera emancipación, deben ante todo trabajar tesonera y sinceramente por la unidad indígena-popular, ese es el camino para decidir una nueva forma de vivir en el Ecuador.

En un proceso, poco a poco, los explotados y oprimidos del ecuador, no verán variar mucho sus condiciones de existencia en este gobierno; los subsidios y la gran maquinaria propagandístico-publicitaria oficial, solo son paliativos y meros espejismos para ocultar el gran plan jurídico-institucional de expoliación en marcha. Los pueblos y especialmente la juventud se levantarán nuevamente, en busca de su definitiva emancipación, que entierre para siempre este oprobioso sistema capitalista y ciertas mentiras enmascaradas como “revolucionarias”.

(Por Julio C. Enríquez C.)
*Texto aparecido en este blog el 5 de octubre de 2010

lunes, 19 de septiembre de 2011

Juan Gelman sobre el 11-S 2001


Los fallos de seguridad antes del 9/11
¿Sabían? Pues sí

Página 12
19-09-2011


Una unidad de espionaje de EE.UU., la División de Amenazas Asimétricas del Comando Conjunto de Fuerzas de Inteligencia (JFIC, por sus siglas en inglés), detectó antes del 11/9 la posibilidad de que Al Qaida atacara las Torres Gemelas y el edificio del Pentágono. La información fue de- sechada y casi 3000 civiles perdieron la vida en un atentado terrorista que, por alguna razón, no se pudo o no se quiso evitar.

En general se ha hablado de las fallas de la CIA y del FBI en esta materia. Pero el sitio independiente Truthout dio a conocer documentos del Organismo de Inteligencia de Defensa filtrados por un ex miembro de aquella División, conocida por el acrónimo DO5, que algo de luz arrojan sobre un tema que ninguna comisión investigadora supo escrutar a fondo. La documentación fue acercada y comentada por Iron Man, alias o seudónimo o nombre de guerra de quien fuera jefe de esa unidad desde fines del 2000 hasta junio del 2001. “Hombre de hierro” eligió guardar el anonimato para proteger a su familia de posibles represalias. Las revelaciones no son de poca monta.

La DO5 fue creada en 1999 y su tarea consistió en descubrir la existencia de planes terroristas preparados en el exterior o localmente que podrían llevarse a cabo en territorio estadounidense. Era una rama del JFIC y, en ese marco, prestó una atención muy prolija a Osama bin Laden y acólitos que radicaban entonces en Afganistán. Presentó “numerosos informes en los que se determinaban los probables y posibles movimientos de Usama bin Ladin (sic) y Mullah Omar”, incluida “la verosímil identificación de la casa en la que Khalid Sheikh Mohammed presuntamente había planeado los ataques”, y reunió información que apuntaba a la viabilidad de que Al Qaida intentara un golpe contra las Torres, el edificio del Pentágono y aun otros objetivos (www.truth-out.org, 13/6/11).

Entre fines del 2000 y junio del 2001, altos jefes del Pentágono se reunieron para evaluar los datos aportados por la DO5. Iron Man registra que se llegó a sugerir que se advirtiera al personal de seguridad y a la plana de ingenieros del World Trade Center del eventual ataque, pero la idea se de- sechó por “la renuencia de los mandos a contactar a la comunidad civil”. Curiosa omisión. “En otras palabras: la administración Bush tenía pleno conocimiento, antes del 11/9, de que la organización terrorista se había fijado esos objetivos y, aparentemente, los funcionarios del gobierno no actuaron en función de tales advertencias.” El por qué fue así es todavía habitante de la oscuridad.

Iron Man y los agentes de la DO5 y del JFIC “estaban cerca de capturar a Bin Laden”, pero el vicealmirante Martin J. Meyer, subjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas de EE.UU. que asistía a esas reuniones de evaluación, manifestó al mayor general Larry Arnold y demás colegas que “su preocupación por Osama bin Laden como una posible amenaza para EE.UU. era infundada”. Lo dijo dos semanas antes del 11/9 y parece que se equivocaba. Mayer pasó a retiro en 2003 y fue contratado inmediatamente por la Lockheed Martin, una de las megaempresas que más lucran con las guerras de Irak y Afganistán merced a los contratos del Pentágono (www.lockheedmartin.com, 8/4/03).

Uno de los documentos cuya desclasificación logró Iron Man es un informe del inspector general del Ministerio de Defensa fechado el 23 de septiembre de 2008, en el que se señala que la jefa del JFIC, identificada más adelante como capitana Janice Dundas, había ordenado que cesara el seguimiento de Bin Laden “porque no era de competencia de la misión del JFIC”. Con un argumento parecido se cortó el examen de los “campos terroristas de entrenamiento” en Afganistán: “Esas cuestiones no se encuentran en la línea de natación del JFIC”. (www.scribd.com/doc/28486103/FOIA-Review-of-Joint-Forces-Response-911 5-3-10). ¿Tendría la capitana, con una graduación relativamente menor en cualquier fuerza armada, tanto poder como para tomar por su exclusiva cuenta decisiones de semejante importancia? ¿O las órdenes venían de arriba, de muy arriba?

Las revelaciones de Iron Man exhiben que la información fue ocultada a la Comisión Nacional sobre los ataques terroristas en EE.UU., establecida por una ley del Congreso el 27 de noviembre del 2002 –más de un año después de los atentados– con la misión de conocer las circunstancias que los rodearon, así como el estado de preparación y la respuesta a los ataques. La integraban cinco legisladores republicanos y cinco demócratas.

Los apéndices del informe del inspector general del Pentágono muestran que se introdujeron cambios significativos en las respuestas que los analistas del JFIC proporcionaron a los investigadores del Congreso sobre su trabajo de Inteligencia en torno de Bin Laden, Al Qaida y los talibán (www.truth out. org, 23-5-11). Una capa de silencio más.


W. Bush participó, desde luego, en la ceremonia del décimo aniversario del 11/9. Se lo ve en la foto muy serio y compungido. Tal vez Dios le dictaba algo en ese instante. Porque a él, Dios le habla, según dijo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

11-S, el aniversario ignorado


La Vanguardia
12-09-2011

El principal asunto que evoca el aniversario del 11-S quedará seguramente marginado del informe mediático. Se trata de las guerras que la sombra del macro atentado de Nueva York ha venido justificando desde entonces. La “guerra contra el terrorismo”, subproducto del “conflicto de civilizaciones”, fue un mero pretexto para realizar las ambiciones de Washington que siguieron al fin de la guerra fría: completar el dominio de las regiones energéticas de Oriente Medio y Asia Central, las principales del planeta, algo que estaba en el programa y los planes de los estrategas desde el mismo momento en que la URSS dejó de existir en 1991, es decir desde diez años antes de los ataques de Nueva York y Washington, episodios, por otra parte, rodeados de todo tipo de incógnitas que se prefiere no remover. En el centro del evento está la cuestión del precio humano de esas guerras.

El estudio más serio realizado hasta la fecha sobre Irak, el de las universidades Johns Hopkins y Al-Mustasiriya publicado en la revista The Lancet estableció 650.000 muertes atribuidas a la guerra entre marzo de 2003 y julio de 2006. Cuando han sido mencionadas, esas cifras han sido calificadas de “polémicas” por muchos medios de comunicación que prefieren los números, mucho menos fiables, del Iraq Body Count, que reduce la cifra a 150.000 muertos, por la sencilla razón de que rebajan la enormidad de la responsabilidad occidental.

En 2008, una empresa británica de encuestas, el Opinion Research Business, estimó la mortandad de la guerra en un poco más de un millón. El problema es que antes de 2003, Irak sufrió doce años de sanciones y embargos que mermaron la sanidad pública, el suministro de agua potable y la adquisición de medicamentos, entre otras cosas. Unicef estimó que esa política fue responsable de quizá medio millón de muertes, en gran parte reflejo de una tasa de mortalidad de niños menores de cinco años del 125 por mil, que casi triplicó la anterior al bloqueo.

El Presidente Clinton, ninguneó ese informe y su Secretaria de Estado, Madeleine Albright, llegó a decir que fue el precio que hubo que pagar para deshacerse de Sadam Hussein. De modo parecido, el Presidente George W. Bush ninguneó el informe publicado por The Lancet. Pero eso cambia poco lo esencial: la presencia de un crimen espantoso y masivo, al que se puede aplicar el tan abusado término de genocidio, al lado del cual la matanza de las torres gemelas de Nueva York, fue un juego de niños. Si existiera algo lejanamente cercano a una justicia internacional, enjuiciar este crimen debería ser su primer cometido.


Pero las consecuencias del 11-S no se limitaron a Irak. Está Afganistán. El atentado de Nueva York añadió una década más a la guerra de los treinta años que el intervencionismo extranjero agravó y multiplicó por mil en sus efectos en ese desgraciado país, desde la intervención soviética de 1979. Al día de hoy, cuando se habla de retirada en el 2014, los planes reales sugieren una década más de presencia militar extranjera en el país. Afganistán añade a las cifras de Irak varias decenas de miles de muertos más. El último estudio publicado, “Cost of War”, de la Universidad de Brown, baraja un mínimo de 225.000 muertos entre Irak y Afganistán. Estas cifras, como la de los ocho millones de iraquíes y afganos “desplazados” por la guerra, raramente encuentran mención en las crónicas políticas sobre el 11-S, pese a que su relación con el atentado neoyorkino es manifiesta y evidente.

Lo mismo ocurre con la crónica económica, al hablar de los déficits de Estados Unidos y del “vivimos por encima de nuestras posibilidades” (¿quienes?) en general. El premio Nobel Joseph Stiglitz estima que las guerras de Irak y Afganistán le han costado al contribuyente americano 3,2 billones de dólares, por lo menos. ¿Tiene ese gasto algo que ver con los actuales déficits? ¿puede ser ignorado ese dato en la crónica de la “crisis financiera”? Si en Europa se habla de austeridad, ¿no habría que empezar por cortar los gastos en Afganistán y Libia? Es sin duda una pregunta ingenua.

Lo peor es que la ideología del 11-S puede recrear eternamente la guerra sin fin contra un oscuro enemigo “terrorista”, cuya génesis fue propiciada –por lo menos- por el propio belicismo. Bin Laden y su internacional fueron un producto de la cruzada occidental contra la URSS en Afganistán, la que potenció un radicalismo sunita enfocado contra el Irán de Jomeini y el laicismo afgano, lo que obliga a preguntarse qué tipo de desastres se están potenciando hoy, por ejemplo en Libia.

La situación de esta guerra sin fin instalada en nuestra cotidianeidad fue explicada con toda claridad en julio de 2004 por el entonces jefe del estado mayor del ejército de Estados Unidos, Peter Schoomaker; “las guerras anteriores fueron como contraer una neumonía, que podía dejarte unas cuantas cicatrices en los pulmones pero de la que te curabas, la actual guerra contra el terrorismo es como el cáncer: puedes estar bajo tratamiento, pero no se te va a ir nunca mientras vivas”, explicó el General. Lo que ha venido después de Irak y Afganistán, es decir las intervenciones noratlánticas en; Pakistán, Somalia, Yemen y Libia, confirman esa enfermedad incurable: la guerra convertida en rutina.

En Libia, el “ministro de sanidad” de los insurgentes apoyados por la OTAN, Nadshi Barakat, ha dicho que en los seis meses que llevamos de conflicto se han registrado 30.000 muertos y 50.000 heridos, mientras la OTAN desmiente, por boca de su secretario general, que haya, “ningún informe confirmado sobre muertos civiles” en las 22.000 operaciones y 8256 bombardeos que su organización ha llevado a cabo allá. La ausencia de cifras parece tomar el relevo a aquellos “daños colaterales” citados por aquel desvergonzado portavoz de la alianza en la operación yugoslava que fue Jamie Shea. La guerra ha sido siempre un recurso en tiempos de crisis. Su actual rutina, y la interesada confusión sobre sus efectos y consecuencias humanas, contrastan mucho con la fanfarra global alrededor del aniversario en el “Ground Zero”.